Lxs abajofirmantes expresamos nuestra indignación frente a la comisión por parte de Los Angeles County Museum of Art (LACMA) de la obra de Pedro Reyes,Tlali. Nos parece preocupante que no haya habido una sola persona en el museo con la sensibilidad e información suficientes como para descartarla desde el inicio, por tratarse de una segunda versión de una escultura monumental de Reyes, originalmente Tlalli, que en México fue motivo de controversia y posterior rechazo por parte de integrantes de la comunidad cultural así como numerosas colectivas y activistas feministas. La memoria en el campo del arte es uno de los recursos más valiosos, y nos extraña que la falta de ella lleve a un museo respetable a pagar por tener en su recién estrenado edificio una obra que en otro país fue objeto de fundada condena.
Aquí la historia breve, para quien ya la olvidó o nunca la conoció.
A finales de 2021, el gobierno de la Ciudad de México, encabezado por quien hoy es presidenta del país, Claudia Sheinbaum, anunció que sobre el pedestal donde alguna vez estuvo colocada la estatua del supuesto descubridor de América, Cristóbal Colón, en la principal avenida de la ciudad, se colocaría una inmensa cabeza de piedra, con la que se buscaba reconocer, se dijo, “a las mujeres indígenas”. Puede sonar encomiable la idea de sustituir una figura ampliamente repudiada como la de Colón, por la noción abstracta de “mujer indígena”, que parecía atender a una necesidad de reparación histórica. En los hechos, sin embargo, la propuesta hacía exactamente lo contrario a “descolonizar” el Paseo de la Reforma, como el proyecto prometía.
La falacia se hizo evidente de inmediato. Se buscaba una supuesta revisión de la hegemonía colonial masculina en la Historia, al sustituir al infame personaje por un monumento a “la parte femenina” de ese mismo relato. Para ello, no obstante, se invitó a un hombre blanco, el escultor Pedro Reyes, que realizó una propuesta que terminó inscribiéndose, como señaló la lingüista y escritora, Yásnaya Aguilar, en la tradición nacionalista que fortalece “el rasgo ‘indígena’ como un elemento ontológico y ahistórico” de los pueblos originarios y, a la vez, utiliza “‘lo prehispánico’ como un repositorio monolítico también ahistórico de donde tomar elementos que pueden ser combinados sin mayor análisis”.
La inmensa cabeza sin cuerpo que Reyes presentó en bocetos se volvió pronto en el centro de un encendido debate acerca de este tipo de comisiones, que suelen recaer en los artistas más afamados, habitualmente hombres, sin que haya un planteamiento serio acerca de si esas figuras son las indicadas para llevar a cabo una intervención urbana, que se pretendía progresista y reparadora.
Lucía Melgar, crítica cultural y profesora de literatura, lo resumió en una pregunta puntual: “¿Qué implica petrificar en una representación ‘estilizada’ a ‘una mujer indígena’ en un país con más de 60 etnias donde la mayoría de la población indígena, en particular las mujeres, vive en condiciones de pobreza que el régimen actual no ha mejorado?”
Para las activistas y colectivas era claro que, en lugar de buscar reparar la grieta histórica, lo que se intentaba era subir al templete una vaguedad va típica de la estatuaria nacional decimonónica, aquí con tintes neoindigenistas, para que nadie pudiera reclamar, como se venía haciendo desde 2019 con protestas y pintas callejeras sobre esa y las demás estatuas que pueblan la avenida principal de la capital del país. Pero lxs políticxs, lo sabemos, toman pésimas decisiones estéticas. “Si ya la representación de un conjunto humano pluriétnico en una escultura figurativa es problemática”, siguió Melgar, “resulta paradójico e hipócrita reconocer a las mujeres indígenas con una representación pétrea, muda e inmóvil”. Para colmo, Reyes no hizo nada por cambiar la idea de que un hombre no haría sino caer en lugares comunes. Y así llegó a su Tlalli (ahora le quitó una “l”, para que lxs anglosajonxs no se tropezaran al pronunciarlo), una figura como sacada de la película Pocahontas, de Disney, muy 1920’s, que delataba la completa falta de interés por parte del artista en problematizar mínimamente la idea genérica de mujer y de indígena. Reyes cometió, además, un error revelador: tlalli es la palabra náhuatl para decir “tierra”, pero los rasgos esquemáticos de la mujer coincidían más bien con los de las representaciones de la cultura Olmeca.
Para el escultor, sin embargo, no era “una cuestión de género, sino una cuestión de quién ha estado trabajando este tipo de formatos monumentales”, según externó en una entrevista por aquellos días. Lo que importaba, ahondó, es que “la pieza sea hermosa”. Increíbles declaraciones en boca de un artista del siglo XXI, que encima define su obra como “escultura social”, y que no tiene reparo en declarar que los sujetos de la representación (otro ejemplo: Angela Davis), son simples pretextos para asombrar al mundo, no por su contenido político, sino retórico: piedra labrada hábilmente.
Para los activismos feministas mexicanos, Reyes podía caer en todos los anacronismos y estereotipos que quisiera e, incluso, llevarlos a ferias de arte y, por lo visto, a grandes museos, pero no a la calle que es de todxs. Las expresiones de rechazo no se hicieron esperar y, al final, el gobierno retiró el proyecto. Poco después, en 2022, la rotonda fue tomada por agrupaciones feministas, donde instalaron la Glorieta de las Mujeres que Luchan, un sitio de memoria y justicia que desplaza la mirada de las miles de víctimas hacia las mujeres que luchan por y para ellas. Sobre el pedestal, en lugar del rancio Colón, colocaron a Justicia, la silueta morada de una niña con el puño en alto. Junto con la Glorieta de las y los Desaparecidos y lxs Antimonumentxs, forma parte de la Ruta por la Memoria y es un espacio que ha costado enormemente sostener, especialmente frente a los intentos del gobierno por desmontarlo.
Por todo lo antes expuesto, resulta especialmente decepcionante que un museo como LACMA haya decidido legitimar una nueva versión de esa escultura polémica, que lleva en el rostro la afrenta de haber desoído los reclamos de miles de mujeres, que están hartas de ser representadas por hombres que creen que viven todavía en el siglo XIX y que saben, con toda certeza, que pueden llevar sus delirios pasados de moda a los espacios más poderosos del arte.
Shame on you!
Glorieta de las Mujeres que Luchan
Restauradoras con Glitter
Adriana Flores Suárez
Araceli Osorio Martínez
Ayahuitl Estrada Lk a, Restauradoras con Glitter
Berenice Estrada Villaseñor
Brenda Caro
Carla Rippey
Carmen Argote
Cerrucha
Claudia Sofía Barrios, Residencias Corona
Cuauhtémoc Medina, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM
Daniela Cubas
Daniela Díaz Olvera
Daniela Lieja Quintana
David Gutiérrez Castañeda, UNAM
Deborah Dorotinsky Alperstein
Diana Pérez
Edith Morales
Elena Taylor
Emanuela Borzacchiello, UAM
Emily Hernández
Erika Hirugami, CuratorLove
Erika Morales Vigil
Eva Aguila
Fernanda Ramos Mena
Gabriela Álvarez
Gardi Emmelhainz
Gizella Garciarena, Bajo Tierra Ediciones
Hazel Dávalos
Isadora Hastings García
Janeth Vázquez
Jannen Contreras Vargas, Restauradoras con Glitter
Karen Cordero Reiman
Katy Montoya, Cine Bandung
Laureana Toledo
Lidice Figueroa
Lindsey Ortega, UCSD
Lorena Canales, Tony Macarena
Lorena Méndez Barrios, La Lleca Colectiva
Lorena Wolffer
Lourdes Almeida
Lourdes Enríquez, Académicas en Acción Crítica
Lucía Melgar, Académicas en Acción Crítica
Ludmila Díaz Luna, Patchwork Healing Blanket
Luis B N, Kinetic AI
Magali Lara
María Esther Acevedo Valdés
María Minera
María Raquel Gutiérrez Aguilar, Ojala.mx
Marina Hernández Montoya, Colectiva Martes
Mariana Mora, CIESAS
Mariana Olguín
Marietta Bernstorff, Patchwork Healing Blanket
Marilú Rasso Ibarra
Mercedes Aquí
Michelle Sáenz Burrola
Miguel Ventura
olgaMargarita dávila, lagos | estudios y residencias
Roberto Ochoa
Rocío González Rosas
Rodrigo Castillo
Rosa Casanova, INAH
Sandra de la Loza, Lez Batz
Selene Preciado
Silvia Reséndiz Flores, Colectivo Mujeres Tierra
Sonia Yuruen Lerma Mayer
Talía García Vergara, Restauradoras con Glitter
Tania Gallaga, Colectivo Mujeres Tierra
Valentina Díaz
Vanessa Esperanza Quintero
Ximena Apisdorf
Ximena Santaolalla
Yanai Salazar
Yohanna Magdalene Roa, WhiteBox NY
Yolanda Luna
Las opiniones vertidas por los colaboradores o invitados de Revista Cubo Blanco son responsabilidad exclusiva de quienes las emiten y publican, por lo que no representan, necesariamente, la postura de Revista Cubo Blanco respecto de cualquier tema.
Texto publicado 24 de abril de 2026.