Por Luis Carlos Hurtado
Trabajar como artista visual en este país, fuera de una metrópolis como la Ciudad de México, conlleva retos. El arte contemporáneo en particular enfrenta desafíos puntuales en contextos como el de Campeche, donde existe un panorama artístico que privilegia cualquier actividad que refleje una visión específica de tradición e identidad, con un mercado muy limitado y sin galerías especializadas. En el sureste de México, los artistas necesitan gestionar sus propios recursos, espacios de exposición y difusión, asumiendo permanentemente riesgos económicos. Por ello, la creación de un Museo de Arte Contemporáneo en Campeche (MACC) me pareció pertinente, pues se buscaba así descentralizar el arte y ofrecer espacios para el diálogo, la creación y las prácticas curatoriales contemporáneas.
Escribo estas memorias luego de enterarme del cierre del mencionado MACC. Mi intención es entender las razones por las que el Instituto de Cultura y Artes del Estado de Campeche tomó tal decisión, justo cuando la coordinación del Museo comenzaba a expandir su actividad en la península de Yucatán. El gobierno informó súbitamente al Instituto de Cultura, de una manera autoritaria y unilateral, que debía acelerar el retiro de la obra expuesta en el MACC pues se planeaba montar con prontitud, en las mismas salas, una exposición de carácter inmersivo con el sugerente tema de “Frida Kahlo”.
En el sitio web de la Sala de Prensa de Comunicación Social del Gobierno de Campeche, aparece una reseña sobre la inauguración de ese evento: “La gobernadora Layda Sansores puso en funcionamiento la galería digital Yo soy Frida Kahlo… La galería maravilla a los asistentes que se adentran en la vida y obra de la artista”. Junto con las fotografías de la apertura se informa que el director general de ese espacio inmersivo se llama Bernardo Noval quien, además de dirigir “Yo soy Frida Kahlo”, aparece como fundador y director general de la empresa Must Wanted, patrocinadora de dicho show. El currículum de este emprendedor resulta interesante. Entre otras cosas se le señala por estar involucrado en proyectos gubernamentales gracias a su cercanía con funcionarios y políticos como Ricardo Monreal, actual coordinador de la bancada de MORENA en la Cámara de Diputados.
¿Quién decidió invitar a este personaje a Campeche? ¿Cuánto se le pagó por presentar su galería inmersiva en los espacios del MACC? En el portal de transparencia y rendición de cuentas del Instituto de Cultura de Campeche no hay información sobre dichos gastos. Resulta preocupante el tipo de decisiones que se han tomado a partir de una serie de simulaciones. El latín simulatio se define como aquello que “representa algo, fingiendo o imitando lo que no es”. La creación del Museo de Arte Contemporáneo resultó ser un simulacro que tenía otros fines, un capricho sin planificación estructural, sin recursos básicos ni dirección.
Pero volvamos unos meses atrás para tratar de entender lo que sucedió. En el verano del 2024 recibí una llamada de Esteban Hinojosa Rebolledo, que en ese momento fungía como director del Instituto de Cultura y Artes de Campeche, para conversar sobre un proyecto que se estaba gestando. Lo visité en su oficina de la calle 12 del centro histórico y, de manera explícita, me extendió la invitación a exponer en un nuevo espacio que pensaba abrirse en el edificio donde se situaba el antiguo Palacio de Gobierno y la Aduana, frente al parque principal de la ciudad. El inmueble original había sido demolido en los años sesenta y se reconstruyó en el siglo XXI para albergar el Museo de Fortificaciones, Comercio y Navegación “El Palacio”, cuya muestra permanente describía la historia de las rutas comerciales, la arquitectura y navegación en la península de Yucatán con exhibiciones interactivas muy apreciadas por la gente local, visitantes y guías turísticos.
Hinojosa dijo que, a partir de ese momento, aquel espacio se destinaría al Museo de Arte Contemporáneo de Campeche, una iniciativa que contaba con la total aprobación de la gobernadora. Tuve una impresión de cordialidad en su trato, como si tuviera interés real en mi trabajo; aunque también me di cuenta de que su atención vacilaba entre la pantalla de una computadora y su celular. “Tú serás tu propio curador”, me advirtió. Su comentario no era algo excepcional. Al parecer, como en muchos otros casos en México, no existían recursos para los requerimientos del futuro museo. Más tarde, Hinojosa abandonaría el proyecto para dirigirse a la Secretaría de Bienestar. Vale la pena aclarar que el Instituto de Cultura y Artes del Estado de Campeche (ICAECAM) se encuentra sectorizado a la Secretaría de Bienestar, así que Hinojosa continuaría injiriendo en las decisiones del aparato cultural.
El cierre del MACC no resulta tan sencillo, porque de lo que aquí se trata en realidad, es de la crónica de dos desapariciones: por un lado, la pérdida del Museo de Fortificaciones, Comercio y Navegación “El Palacio”, de cuyos contenidos aún se desconoce el paradero; por otro lado, la inexplicable desaparición del MACC, cuando no había transcurrido ni siquiera un año desde su inauguración. Para ocupar estas ausencias, se nos impuso una pretenciosa galería inmersiva. Una simulación más que implica una gran inversión de recursos públicos.
Días después de aquella reunión conocí el espacio destinado al MACC. En las salas vacías aún se mantenían en pie algunos muebles y vitrinas que habían formado parte del montaje museográfico del Museo “El Palacio”. En el muro del fondo colgaba un gran mapa de la península con las rutas comerciales desde épocas prehispánicas. Grandes y costosos proyectores seguían instalados en el techo. Recordé mi visita a esa exposición en la que había piezas de cerámica, textiles y antiguos objetos de obsidiana y jade. Me sentí dividido, no era grato que el Museo “El Palacio” desapareciera, pero también deseaba iniciar la curaduría de mi exposición en el nuevo MACC.
En varias notas periodísticas del Diario de Yucatán, Hinojosa dio a conocer que la iniciativa del MACC surgió al observar que “no existía un espacio de diálogo para creadores artísticos de Campeche”. También añadió que el acervo histórico de las dos salas desmanteladas, Fortificaciones y Comercio, se trasladaría al Museo del Archivo del Estado y al Centro Cultural Casa 6. “Así que no se perderá lo que se exhibía en las dos salas”.
Aquí dejo el enlace de una de las entrevistas publicadas.
Imágenes de la apertura del Museo de Arte Contemporáneo en Campeche.
El montaje y la inauguración
Después de un proceso de selección, la mudanza a la exposición quedó lista. Claudia Carranco, coordinadora del Museo, estuvo presente para resolver las situaciones que se presentaban. Facilitó el traslado de obra y los horarios para el montaje, solucionó la impresión de los textos de sala y fichas técnicas, además de las invitaciones y difusión. El equipo del área de Artes Plásticas del Instituto de Cultura apoyó en el montaje. Además, en otra gran sala se instaló la exposición Mutaciones desde la naturaleza, donde las artistas Vanessa Rivero y Lorena Ancona dialogarían con la obra de la artista campechana Olga Dondé. Esa muestra sí contó con la curaduría de Paulina de la Paz y Paola Gallardo, que habían sido contratadas previamente como asesoras del proyecto museístico. El MACC se abrió el 2 de diciembre del 2024, con las palabras de la coordinadora del Museo y de Esteban Hinojosa, que dirigió el acto. A la presentación también asistió Gerardo Cedillo Bolaños, coordinador nacional de Artes Visuales del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. “El MACC será un espacio dinámico en constante renovación, privilegiando el intercambio cultural y la participación ciudadana”, escuché decir al titular de Cultura, antes de cortar el listón y subir a las salas de exposición para compartir con los asistentes y atender a los medios de comunicación.
Año nuevo, noticias nuevas. En enero del 2025 asistí a un taller de formación cinematográfica en el Auditorio del Baluarte de San Francisco, espacio en el que se planeaba crear la Cineteca de Campeche, otra iniciativa del Instituto de Cultura que también se desvanecería en el tiempo. Durante la clausura del taller, llegó Mónica Sosa Rodríguez para presentarse como nueva directora de Cultura y Artes del Estado, en sustitución de Hinojosa. Era la primera vez que escuchaba mencionar su nombre, saludó a los participantes y aprovechó para asegurar que el Instituto de Cultura continuaría reforzando la formación cinematográfica y que daría impulso a programas y proyectos que estaban en marcha, entre ellos el Museo de Arte Contemporáneo de Campeche.
En las siguientes semanas, la coordinadora del MACC me invitó a participar en reuniones que se organizaban periódicamente con el objetivo de estructurar y definir la programación de futuras exposiciones. Se compartieron ideas sobre las acciones que un museo de arte contemporáneo necesitaría consolidar: desde una visión educativa y de adquisición de obra, hasta estrategias de convocatoria y propuestas de exposición. Reflexionamos sobre la idea del museo como un espacio de apertura hacia los municipios y comunidades del estado. Imaginamos una operatividad que reflejara las complejidades artísticas actuales, con sus tensiones políticas y sociales. El proyecto detectaría prácticas artísticas en los centros, pero también en las periferias con el objetivo de generar investigación y activaciones territoriales. Estas reuniones e intercambios con artistas y profesores trazaron líneas de trabajo considerando el papel que el MACC tendría dentro de la sociedad campechana. Con el paso del tiempo, me pregunto si todo esto era viable. ¿A dónde habría llegado el proyecto si hubiera contado con una estructura real y una organización profesional?
Sólo nos bastaría observar lo que sucede en estos momentos en Mérida, por nombrar un ejemplo contrastante. Me refiero a la planeación y logística que se está realizando para la próxima Bienal de Yucatán. Se trata de una iniciativa que ha crecido y continúa expandiéndose para abrir, en el próximo mes de noviembre, una serie de exposiciones, propuestas curatoriales y actividades artísticas programadas con el apoyo y colaboración de un gran número de instituciones públicas y privadas; artistas, curadores y galerías; empresarios y coleccionistas mexicanos y extranjeros.
En los meses siguientes, comenzaron a programarse visitas de distintas escuelas al MACC: primarias, secundarias y preparatorias, así como de las licenciaturas de Moda y Diseño de la Universidad Mundo Maya y Artes Plásticas del Instituto Campechano. Las visitas de los niños fueron las más intensas y divertidas. El juego llamado Holchoch, en la sala de Olga Dondé, formó parte de la programación “La Primavera en el MACC”: frente a los delicados dibujos de la artista se colocó una mesa con frutas, vasos, pequeños platos y una jarra con agua sobre un mantel blanco. Un par de maestras guiaron a los chavitos en pequeños grupos. El ejercicio consistía en llegar a la mesa con los ojos vendados y reconocer los aromas y sabores de las frutas. Fue divertido escucharlos: mientras un niño probaba un pedacito de plátano, una niña se inclinó sobre la mesa y gritó: “¡HUELE A MANGO!”
Se organizaron también mesas de diálogo, proyecciones, talleres y lecturas. Las actividades de verano en el MACC se multiplicaron.
El tiempo de las exposiciones se prolongó desde diciembre del 2024 hasta septiembre del 2025. Ese largo tiempo generó inconformidad en las artistas. La exposición Mutaciones de la naturaleza incluía cerámicas de Lorena Ancona, quien comenzó a pedir información sobre el proceso de devolución de su obra. Tenía compromisos para participar en otros proyectos y le preocupaban las fechas de entrega de sus piezas. Otra parte de la exposición incluía obra de la artista Vanessa Rivero, radicada en Mérida, Yucatán. Se inició la gestión de recursos para el desmontaje y traslado de obra a la ciudad de Mérida. El Instituto de Cultura no atendió estas necesidades y el tiempo de espera para finalizar las exposiciones se extendió indefinidamente.
En medio de esta incertidumbre, continué colaborando en la programación de los nuevos ciclos curatoriales en el MACC. Debo aclarar que no recibí ningún pago o salario por mi participación, me atraía la idea de contribuir en el proyecto de arranque para futuras activaciones. El programa se fortaleció con la participación de jóvenes artistas campechanos, egresados y egresadas de la UNAY (antes ESAY), en Mérida, Yucatán. Después de un proceso de convocatoria, se eligieron las propuestas de cuatro artistas: Cecilia Moo, Pablo Tut, Luciana Castaneira y Gladys Méndez. Las nuevas propuestas planteaban, por un lado, el tema del paisaje y el medio ambiente, en un intento de visibilizar el desvanecimiento de la naturaleza en el sureste. Otro de los proyectos rescataba los sucesos históricos que llevaron al gobierno mexicano, formado también por soldados mayas, a luchar por el control de Texas contra los colonos europeos. En este caso, un paquete de obra se trasladó desde EE. UU. y fue resguardado en el MACC para su próxima instalación.
La galería digital Yo soy Frida Kahlo. La experiencia inmersiva en Campeche.
El cierre
Los proyectos estaban listos para iniciar su montaje. Lo que ignorábamos en aquel momento era la sorpresiva decisión del gobierno con respecto al Museo de Arte Contemporáneo de Campeche. Con el cierre intempestivo del proyecto nos dimos cuenta de golpe y porrazo que la coordinación del museo no era más que una simulación. En realidad, los espacios del MACC obedecían al control de alguien más que tomaba decisiones a la distancia sin considerar los avances desarrollados al interior del museo. ¿De dónde había surgido la idea de imponer a la coordinación del museo la costosa exposición inmersiva con la temática de Frida? ¿Qué entendimiento del arte contemporáneo reflejaba semejante decisión?
La apertura de la galería de Frida parecía implicar un negocio detrás. Comencé entonces a entender las dimensiones de la ocurrencia. El proyecto del MACC seguía careciendo de sustento y recursos, no había existido realmente la intención de construir un proyecto institucional. Se había hecho a un lado, sin ninguna mediación, el trabajo de meses de planeación. ¿Se trataba sólo de un capricho? ¿de una iniciativa personal? La situación no podía ser más desalentadora. A la coordinación del museo se le habían negado recursos para resolver los detalles más básicos como la señalización para los visitantes, la difusión en redes o el correcto funcionamiento de las instalaciones. Las carencias que se sobrellevaron durante meses contrastaban ahora con la gran cantidad de recursos que se destinaría a la exposición inmersiva de Frida Kahlo. ¿Qué relación podría tener esa iniciativa con las funciones del Museo de Arte Contemporáneo? La realidad se encargaría de demostrar que siempre existe la posibilidad de que las cosas vayan aún peor.
En una reunión, la coordinadora del MACC nos informó que Mónica Sosa, desde la dirección de Cultura, había anunciado el cierre del Museo. Esta decisión implica un desdén mayúsculo: el olvido del presupuesto ejercido para la apertura del MACC y la previa desaparición del Museo de Fortificaciones, Comercio y Navegación “El Palacio”, que había sido abierto en 2015 con una inversión de 30 millones de pesos. A este respecto, analistas, periodistas y ex funcionarios de la anterior Secretaría de Cultura continúan cuestionando y solicitando que se publique información para saber a dónde fueron a parar los contenidos que formaban parte del Museo “El Palacio”. Las preguntas siguen sin respuesta.
En medio de esta cadena de lamentables noticias, el Instituto de Cultura liberó los recursos para iniciar el desmontaje y Claudia Carranco nos comunicó que su cargo como coordinadora del MACC había finalizado. Pasé varios días leyendo notas de prensa sobre la exposición de Frida. La apertura del evento con la presencia de la gobernadora y funcionarios contrastaba con la noticia del cierre del Museo. ¿Cómo podría acercarme y entender estas situaciones?
Decidí entonces visitar el espacio inmersivo que resultó ser, como me corrigieron en la entrada, una “galería digital”. Llegué con la idea de dejarme guiar por los mediadores de la exposición titulada Yo soy Frida Kahlo. La experiencia inmersiva en Campeche. En el muro de entrada un texto de sala advierte: “Mediante la proyección de más de 300 pinturas y fotografías que van del formato miniatura a lo monumental, Mexican Geniuses busca envolver sensorialmente al público y hacerlo partícipe de la belleza y la emoción que desborda el complejo universo creativo de Frida y Diego”. La exposición presenta impresiones digitales de dibujos y pinturas con baja calidad, un colorido juego de la oca con indicaciones en inglés. Un par de señoras se disfrazan para ser retratadas como las dos Fridas. Hay un corsé ortopédico y una silla de ruedas. A un lado, un par de caballetes transformados en pantallas de video. Al pasar a la siguiente sala, las animaciones proyectadas sobre los muros son burdas y básicas: dibujos rígidos de vegetales o aves se elevan sobre figuras extraídas de un mural de Rivera. Un enorme retrato de Frida abre y cierra los ojos.
El ambiente inmersivo se complementa con canciones como “Bésame mucho”, “México lindo” o “La llorona” mientras un audio replica la voz de Frida afirmando cómo su pintura ayudará al movimiento comunista. Extranjeros en shorts deambulan entre las proyecciones. A la salida, una tienda pone a la venta tazas, gorras y bolsas con impresiones de Frida. Detrás de la caja registradora descubro el texto de sala de mi exposición que continúa montado en el muro.
Al investigar sobre el proyecto “Mexican Geniuses”, no encuentro más que fotografías de sus exposiciones inmersivas en Londres y Washington, D.C. “Tres enormes empresas son las encargadas de hacer esto posible: Brain Hunter, Must Wanted Group y Fever”, según una nota del Heraldo de México que comparte una entrevista con Chacho Gaytán, autor de las composiciones y arreglos de la ambientación sonora.
Urge decirlo. En Campeche no estamos para recibir espejitos. No tenemos necesidad de este tipo de actividades tan costosas y perfectamente prescindibles que lo único que hacen es continuar simulando avances en la cultura y el arte. La decisión de montar este evento inmersivo con características y contenidos tan pobres, después del cierre definitivo del MACC, obedece a que la administración actual tiene la equivocada opinión de que en Campeche y, en general, en el sureste del país, se vive una “ingenuidad artística, provincial y periférica”. No hay otra manera de explicar lo que sucede.
Campeche dispone de espacios e impulso creativo para que ocurran diálogos artísticos de alto nivel. Lo único que se exige aquí es respeto y coordinación. Por otra parte, es necesario un acceso transparente a la información. El arte y la cultura no son temas para tomarse a la ligera si se desea generar turismo e inversión. Hay que atravesar esa muralla imperceptible que nos contiene para extender mecanismos de gestión, asesorarnos y convocar recursos y energías más allá de nuestras dinámicas locales. Pero hay que empezar por limpiar la casa. La desaparición del Museo de Fortificaciones, Comercio y Navegación “El Palacio” y del Museo de Arte Contemporáneo MACC no es poca cosa. ¿Dónde queda la función de esos espacios que se abrieron para reflexionar el presente a partir de exhibiciones de procesos históricos y de creación artística? La falta de atención y respeto que recibieron, tanto el Museo “El Palacio” como el MACC, durante su breve existencia, es una prueba más de las lamentables decisiones en política cultural que se están experimentando actualmente en Campeche.
(Continuará)…
Inauguración de la galería digital Yo soy Frida Kahlo. La experiencia inmersiva en Campeche.
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Texto publicado el 8 de mayo de 2026.