Jonathan Hernández, Tarta hipsográfica, 1994, collage sobre plástico. Cortesía del artista y el Museo Amparo.
Sus “sententiate” (sus sentencias) fueron llamadas “blancas” por Asinus Pollio: eran límpidas y luminosas. Sabía agitar las pasiones (affectus). Al escucharlo uno lloraba. Reía”
Pascal Quignard
“dime por qué me dices siempre / solamente mentiras / dime por qué / no dices nunca la verdad”
Daniela Romo
“La historia verdadera quizás no es historia de hechos e indignación de principios, sino farsa de espectros, ilusión que procrea ilusiones, espejismo que cree en su propia substancia”
Carlos Fuentes
Por Juan Caloca
Corría el año de 1972. En México gobernaba el PRI, como lo hacía desde el término de la revolución agraria. Luis Echeverría era el presidente del país. El mismo año muere el comandante Genaro Vázquez, profesor, militar y fundador de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, una de las guerrillas más influyentes de su tiempo. Meses más tarde, otro grupo guerrillero, el Partido de los Pobres, embosca y asesina a diez soldados en la sierra de Guerrero. Viva la Revolución pobrista. ¡Muera el mal gobierno! A lo largo del año, el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo plantó una decena de bombas en diversos edificios como el PRI, la CTM o el periódico el Sol de México.
Es en esos tiempos y bajo ese contexto que nace Jonathan Hernández. Nacer sobre una geografía volteada, alrevesada. Nacer en México y tocar la arena de sus costas con los dedos de un bebé que explorará esta tierra y nos mostrará su chuecura desde el amor y el humor. Usando sus palmas el artista narrará los cambios sufridos a lo largo del tiempo y nos mostrará cómo ese territorio está en venta y se transforma constantemente. Jonathan comerá de esa Tarta hipsográfica llamada Estados Unidos Mexicanos y la regurgitará hasta el cansancio, hasta alcanzar la arena de otras costas y las salas del Museo Amparo en la ciudad de Puebla, 53 años después, en el año de 2025. Podríamos decir que con las mismas manos que jugaban en la arena mexicana, Jonathan disecciona literalmente el país en su más reciente exposición[1]; con pulso de cirujano realiza collages irónicos, esculturas inestables e instalaciones chabacanas donde nos deja ver, así; simplemente nos deja ver y nos hace partícipes de la historia de este país retorcido y tortuoso que tanto amamos.
A modo de augurio, la imagen de un bebé tocando la arena prefigura una de las piezas que se muestran en la exhibición. Holbox, la serie fotográfica realizada entre 2012 y 2013 que retrata diversos afiches con la inscripción “se vende” y un número telefónico. Como se lee en la ficha técnica, estas fotografías sirven como documentos del porvenir. Doce años después estas imágenes auguraron lo que es la norma hoy en día. En medio de las marchas anti-gentrificación que observamos en tiempo real cada fin de semana, la obra de Hernández exhibe la repartición del país a manos de carteles inmobiliarios que se han adueñado de la isla del Caribe y gran parte de su territorio (el del país). Podríamos ver desde las alturas un evento similar, otra venta, una de las cábulas de la política nacional en los últimos años. Me refiero a la venta del avión presidencial, en 2023, a la República de Tayikistán por mil 658 millones 684 mil 400 pesos. La venta la realizó el partido del supuesto cambio, MORENA, que varios pensamos como la renovación del PRI, pero con colores más pálidos. Muchas veces se ha vendido el país, esa tarta rebanada que alimenta a millones pero que solo se degusta en la mesa de unos cuantos. En ese pastel, en esa masa volcánica nos diluimos, por lo mismo necesitamos de “Instrucciones para vivir y trabajar en México”, y también para dormir y olvidar.
Es a través de la información que Jonathan revela, y contradictoriamente encripta en sus obras, que nos hace evidente la manipulación y la pérdida de sentido con que los medios de comunicación y el gobierno difunden diversos sucesos de la vida nacional. Por más de tres décadas, Hernández ha trabajado con elementos obtenidos a través de la prensa, que se basan en diferentes temáticas como gestos, accidentes, expresiones y emociones. De igual forma utiliza objetos de nuestro entorno que funcionan como arqueologías de un presente que se esfumó y que en su dilución nos dejan pistas a seguir. Nos dice el artista, parafraseando a los estridentistas poblanos, que ha llegado La hora insurreccional de nuestra vida mecanicista (2024). Esta frase da título a una pieza de nueva cuenta premonitoria. En un espejo retrovisor vemos aglutinado con ligas plásticas un celular que proyecta en tiempo real el Popocatépetl, la cámara CCTV funciona como un dispositivo de visión que eventualmente transmitirá, en vivo y a todo color, la erupción del volcán. Y esto a su vez funciona como metáfora de la latente presión contenida en la vida política del mundo. Yo también voy a parafrasear a los estridentistas; en su manifiesto de 1921 decían: “¡Que la poesía sea poesía, que la pintura sea también pintura de verdad!
En el año de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional sacudió al país. Sabemos, que con sus acciones conceptuales negaron la subjetividad revolucionaria al cubrirse el rostro con un pasamontañas, y así dejaron en claro que la cultura y el arte son armas que inciden en la realidad. En los noventa de igual manera se devaluó el peso y lo llamaron nuevo. Era la misma moneda pero con menos poder, muy al estilo del PRI. Fue un error o una estrategia económica llamada Tratado de Libre Comercio de América del Norte. TLCAN. Ahí merito “la corporación” (como la llama Jonathan), ascendió al cielo del mercado del arte, kurimanzutto y sus artistas petrificaron la idea y la materia artística. Un peso devaluado nos dejaron a las siguientes generaciones. También por esos años capturaron por primera vez al Chapo Guzmán (el mismo que se escaparía en dos ocasiones de penales de alta seguridad) y asesinaron al candidato oficial del partido, Don Aldo, un mártir bonachón. Mario Aburto aparece en escena como Caballero Águila y como artista; por favor busca el “Libro de actas”. Ya al final de los noventa, es decir en 1999, acribillan al famoso conductor de televisión Paco Stanley. ¿Coincidencias? En los noventa pasó de todo y muchos lo tenemos fresco en la memoria. Por ejemplo, la detención del “hermano incómodo”. Y no me refiero a Cristian Manzutto, sino a Raúl Salinas, pariente del ex-presidente que tantas risas y carencias nos dejó.
De 1989 a 1994, el artista cubano-estadounidense Félix González-Torres realizó una serie de retratos conceptuales, tanto de personas como de empresas y museos, en los que a través del diálogo generaba una lista de eventos relevantes para esas subjetividades. La obra se compone de fechas y palabras montadas en el límite entre la pared y el techo. Es decir, una línea del tiempo arbitraria y anacrónica. Jonathan Hernández se apropia de esta estrategia y realiza su autorretrato de papelería (como le diría un colega el día de la inauguración). En diálogo con él mismo y con la historia de México, entrelazando la vida pública del país con su vida personal como en una psicobiografía chocarrera, Jonathan nos invita a activar la memoria y a través de estas fechas y sucesos políticos —que nos han afectado en menor o mayor medida— nos revela la realidad del presente político, y nos invita a leer el pasado con todas sus complejidades y así recorrer una geografía política, mientras observamos el paisaje social de la historia. Algunas de esas fechas relevantes para el artista son usadas en este texto para dar contexto y jugar con la memoria de usted, lector, ya ve que dicen por ahí que los mexicanos carecemos de recuerdos.
Jonathan Hernández, Todo el peso del águila, 2020-2024, cabezas de unicel y cubrebocas. Cortesía del artista y el Museo Amparo.
Jonathan Hernández, La hora insurreccional de nuestra vida mecanicista, 2024, Transmisión en vivo del monitoreo del volcán Popocatépetl en celular sobre espejo retrovisor. Cortesía del artista y el Museo Amparo.
El 1o de diciembre del año 2000 (después de cristo, por supuesto), es elegido presidente de México el ranchero director de FEMSA, Vicente Fox Quezada. El Partido Revolucionario Institucional pierde las elecciones presidenciales después de 71 años de gobierno ininterrumpido. Al siguiente año de iniciado su mandato Vicente libera al Chapo Guzmán. Bueno, los periódicos dijeron que se fugó. Ya te lo dije, no será la primera vez. Seis años después, en el 2006, Andrés Manuel López Obrador se declara presidente legítimo de los Estados Unidos Mexicanos luego de perder la elección federal por un 0,62% de los votos. Andrés Manuel decidió tomar la avenida Reforma como bastión de su resistencia simbólica, humanista y civil. AMLO empezó a asolearse para conseguir un bronceado perfecto, aspiraba ya a ser el moreno ideal, el líder de la secta. No olvides que años atrás René Bejarano, uno de sus colaboradores más cercanos, aparece en televisión entregando un portafolio lleno de billetes, al puro estilo gángster de Hollywood, a Carlos Ímaz, padre del hijo de Claudia Sheinbaum. ¿Más coincidencias? Para el 2008, el mundo empezaba a sentir los efectos de la Gran Recesión mundial, aquella provocada por la crisis hipotecaria y bancaria de Estados Unidos. En una entrevista, el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, pronosticaba que las dificultades económicas que en ese momento se veían en la economía estadounidense habrían de provocar tan sólo un catarrito en México. La enfermedad fue diagnosticada tiempo atrás. Los síntomas siguen siendo evidentes. Dicen algunas fuentes que la pandemia de influenza, también llamada H1N1/09 se originó en México en el 2009.
Tengo para mí que Jonathan Hernández es un cronista conceptual. Ya sea a través de sus objetos-ideas o desde su mirada aguda sobre las condiciones meteorológicas, a modo de analogía sobre el Estado del tiempo (sí, estado con mayúscula), o el clima político, por decirlo de otra forma, y sobre todo su insistencia en el paisaje, Jonathan nos da cuenta del tiempo y espacio por el que habita. Y ese paisaje, ese clima, ese territorio, es México, con todas sus contradicciones y engaños, sus bellezas también, pero sobre todo sus fracturas. Ya lo decía García Márquez, una crónica es un cuento de verdad. El arte no está para resolver las crisis, está para decirlas, pienso yo. Y en ese intento por nombrarlas Jonathan se suma a la tradición de cronistas mexicanos a la Salvador Novo, a la Monsiváis, a la Ibargüengoitia y su humor recalcitrante, a la Vicente Leñero con su teatro documental. Todos ellos, que agudamente nos han restregado en la cara nuestra ignorancia. Y nos recuerdan dónde vivimos y qué cochinadas pasan aquí.
Pero ¿por qué me refiero a la crónica? Primero que nada porque Jonathan es un sujeto de la historia y, como tal, el cauce de este relato le salpica día con día. El Yo crea todo, la realidad que existe no existe sino a través del Yo. Segundo, porque Leñero lo dice así: “La crónica es la exposición y narración de un acontecimiento, en el orden que fue desarrollándose. Se caracteriza por transmitir además de informar, pero sobre todo revelar las impresiones del cronista. Más que retratar la realidad, la crónica se emplea para recrear la atmósfera en que se produce un determinado suceso”. Se podría decir que la crónica se ocupa del cómo suceden los hechos y también del por qué. Y también se podría decir que “es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive”, como lo pensaba Caparrós. Es por esto que la obra, las ideas, escritos, el arte y la vida de Hernández, operan a modo de recreaciones que nos narran el acontecer de México y esto lo hace un cronista con C mayúscula. C de Conceptual, por supuesto. La crónica servirá entonces para desmantelar esos castillos de arena que son las instituciones. No olvidemos que el cronista se pone en peligro al decir la verdad, el cronista será perseguido por las corporaciones, por el Estado. Ya sabemos lo que le pasó a Manuel Buendía, ya sabemos lo que le pasó al Excélsior, etc.
Carlos Slim es incluido en la lista de los hombres más ricos del mundo. OMG. Corría el año 2010 y entre celebraciones ultrapatrióticas la guerra del narcotráfico se implantaba a lo largo y ancho del país. Felipe Calderón, el ex-presidente mexicano identificado por su gusto a la bebida, defendió a capa y espada su estrategia bélica. Años más tarde, y ya con el PRI instaurado de vuelta en el oficialismo, asistimos en vivo a la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Peña Nieto, el último baluarte del Partido de la Revolución Institucionalizada, captura de nuevo al multimillonario campesino Joaquín Guzmán Loera, al año siguiente, en 2015, el Chapo realiza su última fuga de un penal mexicano de máxima (lol) seguridad. Ésta acción es digna de producción de Netflix, no dudes que lo será en el futuro. Estos últimos dos ex-presidentes han sido vistos recorriendo los barrios más pudientes de Madrid. Al igual que Carlos Salinas, ellos viven por allá. Esto dio pie a una intervención mínima en el espacio público. En el año 2023, Hernández tapizó algunos de estos barrios con hojas de papel similares a las que anuncian empleos o promociones y en las cuales se leía la siguiente petición: “Carlos, si ves a Enrique dile que le llame a Felipe”. Esta frase, a modo de plegaria, se acompañaba de un número telefónico. Para cerrar la pieza con broche de oro, el teléfono te dirigía al Consulado Mexicano. Estrategia similar a la realizada en las calles de Montreal, Canadá, durante los noventa y en la cual el artista colocó carteles buscando al entonces exiliado ex-presidente Salinas de Gortari. Mención aparte será que la acción trascendió los medios canadienses, apareciendo en la prensa y televisión.
En su antebrazo, Jonathan Hernández tiene inscritas las palabras Amor y Humor. El tatuaje, por momentos oculto por la tela que cubre su brazo, refiere a una de las máximas del artista y nos da pie para especular el sentido de su obra, y sobre todo de su vida. Sabemos que el humor es una de las categorías más complejas del pensamiento humano, como estrategia de sobrevivencia y como estrategia política; la sátira, las bufonadas, el chiste nos permiten navegar las condiciones adversas de nuestra existencia y, a la par, nos posibilitan acceder a un pensamiento crítico de forma más suave. Como bien nos dijo José Agustín, la historia de México es una tragicomedia, los mexicanos lloramos y reímos, quizá como una táctica de resistencia. Así, aproximarse al presente es de igual manera acercarse al humor. Pienso en la caricatura como herramienta de representación que retrata a la sociedad exageradamente, y me doy cuenta de que en México ya nada es exagerado. La caricatura se volvió la realidad. De tal manera, la crónica y el humor son una reacción al presente. Entonces vivimos inmersos en la cronicatura nacional. Carcajeamos y sollozamos, como en el amor.
Andrés Manuel López Obrador es electo presidente, ahora sí por las buenas y según las instituciones electorales. En el mismo año, el 2018, Jonathan renuncia a la “corporación”. La época ameritaba actos así de firmes y congruentes. Dicen los rumores que una de las compradoras asiduas a la galería Marian Goodman era Elba Esther Gordillo, lideresa sindical que gustaba sobre todo de adquirir obra de Gabriel Orozco; encarcelada por desviar recursos públicos, se cuenta que extrajo más de 200 millones de dólares de las arcas públicas. Era el 2020 y el mundo cambió. La pandemia de COVID-19 nos mantuvo encerrados; quizá por momentos, libres. De ahí en adelante comenzaría la nueva normalidad, más oscurita e igual de contradictoria. Yo creo que nada nueva, y para muestra un botón: el 30 de noviembre de 2022, México quedó eliminado en la fase de grupos de la Copa del Mundo de Qatar. Otro primero de diciembre, otra investidura presidencial, otro ciclo que se repite. 2024, Claudia Sheinbaum Pardo, candidata del ahora partido oficial MORENA, es elegida presidenta del país, la primera mujer en el cargo en la historia de México. A menos de un año de su mandato se descubrió un centro de reclutamiento y exterminio, en el Rancho Izaguirre en Jalisco. 200 pares de zapatos y diversas fosas clandestinas nos muestran con dolor que poco ha cambiado en la historia de México.
Jonathan Hernández, Política ficción, 2023, 5 fotografías a color. Cortesía del artista y el Museo Amparo.
Jonathan Hernández, Felipe, 2011, Botella de brandy, con capelo sobre base de madera. Cortesía del artista y el Museo Amparo.
[1] La exposición Instrucciones para vivir y trabajar en México, fue una revisión mutante de la obra del artista y se presentó en 3 actos o puestas en escena en las que fueron cambiando las piezas y los montajes. El 1er acto: Paisaje nacional. El 2o acto: Política ficción (el dinosaurio sigue aquí). Y por último el 3er acto: Vida y artificio. Se presentó en el Museo Amparo en la ciudad de Puebla de febrero a abril del 2025. La muestra fue curada por Hideki Yukawa, seudónimo del artista.
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Texto publicado el 8 de agosto de 2025.