Lo que se ve no se pregunta*

Por Sonia Ávila














El espacio urbano es el origen y destino de la producción del artista Rubén Ortiz Torres (Ciudad de México, 1964) Para muestra un botón: al tiempo que en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) se exhibía la pintura Macho Mouse (1991), en tiendas de conveniencia circulaba la botella de agua LIFEWRT con la misma imagen intervenida del ratón hollywoodense. El germen de esta obra es una serigrafía de tianguis plasmada en una camiseta que hace 30 años el artista halló, resignificó y llevó al cubo blanco para, ahora, devolverla a la calle en forma de etiqueta. ¿Es éste el ciclo de vida de toda la obra de Ortiz Torres?

La pintura fue parte de Customatismo, primera exposición retrospectiva en México de Ortiz Torres bajo el concepto de la curadora Mariana Botey. En el trayecto de la exposición, la respuesta se resuelve afirmativa. Alien Toy (1997), por ejemplo, es una camioneta lowrider con un sistema hidráulico para desfragmentarse que tiene origen en la cultura chicana fronteriza; el artista la construyó en colaboración con Salvador “Chava” Muñoz, maestro en hidráulica automotriz y mientras se exhibía como joya de la corona durante la inauguración en el MUAC, afuera una decena de autos y bicicletas lowrider se apropiaron de la explanada del museo. Estacionados frente al muro de cristal, los autos hacían eco con Alien Toy que se visualizaba tras el vidrio y confirmaba la idea de que la explanada, afuera del cubo blanco, era el mejor sitio para activar esta suerte de rompecabezas hidráulico.

La labor de Ortiz Torres desde la década de los 90, cuando llegó a Los Ángeles, California con una beca del California Institute of Arts, ha sido apropiarse y resignificar objetos ajenos al campo artístico, poner en tensión la contracultura y mostrar que en las calles ocurre arte. Y así trazar una línea genealógica desde Diego Rivera hasta Andy Warhol en el intento de desplazar la alta cultura a la popular, como afirma Botey en su texto curatorial. Es reconocible esta labor del artista, aunque hay que mencionar que otros creadores lo hicieron antes con menos espectáculo como su propio maestro Melquiades Herrera quien convirtió la caminata por la calle en un ejercicio de antropología cultural.

Vale la pena pensar si el acto de llevar a un museo un objeto de la cultura popular implica una democratización genuina del arte o es necesario devolver este objeto en calidad de obra artística a la calle, como sucedió con la imagen de Macho Mouse.

Si el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey supera la crisis post pandemia, la misma exposición de Ortiz Torres ocupará las salas de este museo para volverla a cuestionar.




*Texto producido dentro del seminario "Crítica de arte. Exponerse, insistir, resistir", que fue impartido del 19 de febrero al 27 de mayo de 2020 por Edgar Alejandro Hernández, dentro de Campus Expandido MUAC.

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