Daniel Buren. Como un juego de niño*

Por Berenice Cortés Campos


AGUASCALIENTES.- Bajo un título que sugiere una exposición lúdica se presenta en el Museo Espacio (ME), ubicado en el Macro Espacio para la Cultura y las Artes (MECA), Como un juego de niño, exhibición in situ del artista francés Daniel Buren, en la cual reposan piezas conformadas por módulos geométricos de gran formato, ante los cuales el espectador luce pequeño.

Sobre los muros de la primera sala encontramos formas geométricas que destacan por el uso de colores brillantes y contrastan con lo sobrio del cubo blanco. Aquí, resaltan un par de piezas que incluyen espejos, los cuales reflejan parte de la arquitectura del lugar, posiblemente con la pretensión de integrarla a la obra y viceversa. Mientras tanto sobre el piso de la segunda sala descansan –ya sea de forma individual o unos encima de otros– cubos, prismas y cilindros, inspirados en el pedagogo alemán Friedrich Wilhelm August Fröbel (1782-1852). Estos son divididos visualmente de manera simétrica, a partir del uso del blanco en la primera mitad y de la diversidad de colores en la segunda. También en esta sala están montados sobre los muros grandes espejos verticales que permiten el reflejo de los módulos que ahí se encuentran y crean la ilusión de ampliar la profundidad del espacio.

Un detalle digno de destacar es el texto que se encuentra en el pasaje que conecta la primera con la segunda sala, pues invita al espectador a “experimentar una libre circulación a través del paisaje arquitectónico de la urbe miniatura”, resultando una insinuación de lo lúdico. ¿Hasta qué punto se permite realmente la interacción o cómo se entiende esa “libre circulación” cuando se prohíbe correr en la sala, tocar las piezas y subirse a ellas?

Los juegos provocan entusiasmo. Es interesante que el entusiasmo que generara en mí, hace algunos años, la descripción realizada por Larry Shiner en La invención del arte, acerca de la paradigmática pieza de Buren Les deux plateux, también conocida como Las Columnas (1986), desapareció al saber que está prohibido correr, tocar o treparse a los grandes módulos que yacen solemnes en las dos grandes salas de Museo espacio. Pues mientras Las Columnas instaladas en el Palais Royal, cuya característica más destacada es la intervención a la arquitectura, pueden, según Shiner, transformarse en asientos o en lugares a los que trepar, de manera que los visitantes, se conviertan en “esculturas vivientes”, en el museo los módulos geométricos se cuidan como el juguete caro, que los papás impiden que los niños toquen, permaneciendo en su empaque.

No obstante, lo lúdico se hizo presente cuando fui testigo de la reacción de un grupo de niños que se lanzaban a derribar los módulos geométricos tipo puff, con los cuales sí se les permite interactuar a la salida de las dos anteriores salas, moviéndolos, amontonándolos o derribándolos. Aquí, encontré la diversión, el movimiento, la acción y lo anti solemne que caracteriza a los juegos de niños. Apareció la libre circulación, aquí, afuera de las dos cuidadas salas. Habría que ver si los bloques tipo puff son también concebidos como pieza de Buren o es parte de las estrategias para atraer visitantes al museo.

De que hay juego en el ME, no cabe duda, pues las piezas presentan juegos visuales que resultan atractivos. Estos se logran mediante los contrastes de color y las famosas líneas verticales de 8.7 cm, características del trabajo de Buren, que, en palabras de una trabajadora del museo espacio, quien da visitas guiadas a los grupos escolares de niños, funcionan como “firma del artista”.

Otro tipo de juego que podemos inferir en esta exposición es un juego de palabras, ya que se emplean términos como “juego” e “in situ”, los cuales parecen decir una cosa, que luego nos aclaran no debemos tomar de manera literal. De esto da cuenta la respuesta del propio Daniel Buren a la interrogación de una reportera, quien en rueda de prensa le pregunta si considera que su exposición es lúdica, ante la cual el artista  contesta prudentemente que es el público el que debe decidir esto, pues como ya lo dijo Duchamp “el espectador hace la exhibición”. A esto agrega que la referencia al juego aquí se debe a las piezas geométricas que identifican a los juegos infantiles.

Otra precaución de la muestra consiste en advertir, en el texto de entrada, que el trabajo in situ no es lo mismo que trabajo situado, pues el primero está “estrechamente ligado con el tiempo y el espacio en el que está inserto, siendo enteramente concebido para confluir con su ubicación”, mientras que el segundo mantiene “interdependencia con el lugar pero no es concebido para un sitio especial, por lo cual puede viajar e insertarse en distintos lugares”. Esta observación es necesaria ya que una de las grandes virtudes que se exaltan de la exposición es su previa presencia en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo (MAMCS) y en el Museo Madre en Nápoles.

¿Entonces en qué quedamos? ¿Las piezas presentadas en el ME son in situ o trabajo situado? ¿Está Como un juego de niñoconcebida especialmente para este museo? ¿Cuál es la relación de las piezas de Buren con los antiguos talleres del ferrocarril, ahora transformados en el MECA? Ante los cuestionamientos que rodean al Instituto Cultural de Aguascalientes y al Museo Espacio (por el gasto que implicó su construcción, las declaradas intenciones de no exhibir obra de artistas locales y llevar la lógica de eventos políticos a las inauguraciones de las exposiciones hasta ahora presentadas) quizá la primera sospecha sería que el uso de la denominación in situ es producto de una confusión o falta de información de la gente del ICA. Sin embargo, la exposición ya tenía este título antes de venir a Aguascalientes, incluyendo el señalamiento de trabajo in situ.

¿Es acaso Buren el niño que juega, que nos bromea? ¿Juega con la institución haciéndole creer que le complace colaborar con ella y exhibir en un museo o bromeaba antes cuando decía haber renunciado a un sistema de producción basado en la galería/museo y producía piezas en espacios públicos externos al cubo blanco?

¿Es este acaso un juego de simulación? ¿Se juega a simular en un primer momento que las piezas son para este sitio pero en un segundo instante se aclara que no lo son? ¿Se juega a hacer creer que la muestra es para los niños y hasta se les solicita su presencia a la inauguración para llenar el evento como suele hacerlo el ICA, (bajo mandato del PRI) con sus trabajadores y estudiantes?

Precauciones por un lado, simulaciones por otro ¿Es juego, es broma? Esperemos que ese otro niño llamado ICA-PRI no esté jugando a hacer como que le interesa la cultura y el arte y que su interés sea sólo la legitimación política, para, como los grandes artistas, pasar a la posteridad.

*Texto seleccionado del Taller de análisis y crítica del arte, impartido por Edgar Alejandro Hernández, del 6 al 10 de septiembre, en el programa de la Maestría en Arte de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.


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