Negro, blanco y gris, los colores de Ai Weiwei

Por Sandra PHi





Uno de los eventos más sobresalientes de la curaduría, en un esfuerzo por adaptarse a las situaciones de crisis, ha sido la publicación de la serie de libros El libro negro, El libro blanco y El libro gris, del artista chino Ai Weiwei, cuyo carácter como trabajo curatorial ha sido resaltado y reconocido por Hans Ulrich Obrist.


Este proyecto surgió poco tiempo de que Ai Weiwei regresará, después de su estancia de diez años en Nueva York, a una China que se recuperaba de una década de aislamiento que provocó la crisis de la llamada Revolución Cultural, donde las artes de occidente estaban totalmente prohibidas y no era bien recibida la influencia de occidente por ningún tipo de expresión. Los pocos libros que se infiltraban eran copiados a mano, para así poder hacer llegar la información a otros de manera alternativa, esa también fue una de las formas en las que Weiwei, en su juventud, publicó sus revistas.


En aquellos tiempos, particularmente la pintura sólo era posible verla exhibida en tiendas de marcos y vestíbulos de hotel, por lo que los artistas visuales tenían que encontrar formas independientes, ocultas y disidentes para lograr algún tipo de proyección o de dar a conocer su trabajo.


Lo que Ai Weiwei hizo fue documentar o archivar lo que estaba sucediendo, y a la vez promover la base conceptual para el arte, sin que fuera necesariamente arte en lienzo o de caballete, y para lo cual fueron previamente seleccionados los artistas invitados a desarrollar una idea por escrito o a explicar lo no evidente de su actividad artística experimental.


El primer tomo fue publicado en 1994, El libro negro; el cual marcó un hito importante en la historia del arte en China, así como simbolizó un claro acto de protesta. En él se hace una crítica al sistema promedio de las instituciones de ese país, o sistema del arte como lo denomina Ai Weiwei. Y por ser un objeto que proclamó el cambio social después de la represión del movimiento estudiantil Tian’anmen en 1989.


El concepto original fue desarrollado por Ai Weiwei y Xu Bing a finales del año1993 y se agregó a la financiación Zeng Xiaojun. Los tres editores vivieron por largo tiempo, a finales de los años 80 y principios de los 90, en New York; ciudad que acaparó la vanguardia del arte a partir de la guerra fría y que se había convertido en un semillero intelectual para los migrantes chinos y una incubadora de proyectos; asimismo, les brindó materiales, procesos y la visión conceptual para hacer arte. 


El libro negro esta dividido en cuatro secciones: La “entrevista” al artista taiwanés radicado en Nueva York, Telshing Hsieg, el cual expone algunas de sus ideas sobre el posmodernismo, los juicios de valor o sistemas sociales. La sección “estudio” con muestras del trabajo de veintiocho artistas, “documentos de arte moderno”; con las traducciones al mandarín de ensayos de personalidades como Andy Warhol, Marcel Duchamp y Jeff Koons, y la sección “noticias de arte” con información de todo el mundo. 


A pesar de que el consumo de arte de vanguardia era relativamente bajo, el delgado libro tuvo un tiraje de dos mil volúmenes sin un ISBN oficial, y se hizo circular informalmente por los mismos artistas. El contenido del libro pretendía ofrecer una visión más plural y vibrante, a diferencia de otras publicaciones oficiales de arte en China.


El libro originalmente sería llamado por Ai Weiwei Bandera roja, con una clara intención provocativa evocando la bandera China y el nombre del primer automóvil manufacturado en ese país, sin embargo, fue persuadido por sus compañeros para elegir un título menos incitante.


El siguiente tomo fue El libro blanco, esta nueva publicación de 1996 mantuvo el mismo formato del libro negro, pero le fue agregada la sección de “trabajo artístico”. En este libro Ai Weiwei trabajó al lado de Zhuang Hui, y en éste el enfoque fue el lenguaje formal del arte, es decir, más allá de las características de los materiales, su intención era que los artistas desarrollaran un enfoque personal sobre los materiales para expresar sus ideas, y generar así el discurso curatorial del proyecto.


Por último, en 1998 cierran la trilogía con el El libro gris, en el que Ai Weiwei publica su manifiesto Making Choices en el cual define el modernismo como filosofía, visión del mundo y estilo de vida. Además pide a los artistas olvidarse de las tendencias y mejor enfocarse en los métodos individuales y en preguntas orientadas a la recuperación de los valores espirituales, ya que para él la historia cultural de China post- Mao había eliminado los valores individuales, los sentimientos y la razón.


Lo interesante de estas exposiciones en formato libro es que Ai Weiwei tomó ventaja de los mismos principios del régimen de censura, ya que conocía bien las normas impuestas por Mao Tse Tung, donde la letra impresa no estaba prohibida, al contrario se manifestaba como un instrumento de la revolución. Entonces una estrategia inteligente y creativa fue concentrar a estos artistas en exposiciones literarias, logrando unir comunidades artísticas y seguir inspirando el cambio social.


Hoy en día estas publicaciones han alcanzado un estatus de culto, las ediciones originales son actualmente preciados objetos de coleccionistas y su publicación contribuyó a formar un sentido de identidad y posibilidad entre los artistas más provocativos del gigante de oriente.


Es destacable que la serie de libros inició en un momento único de la historia de China, al cual se le añade la influencia bicultural que sus creadores le inyectaron. El hecho de juntar artistas de oriente y occidente lo hizo un proyecto exitoso, que rompió las fronteras y la distancia al poner todo en un mismo documento conceptual, como un acto crítico en sí mismo, en un momento donde no había acceso inmediato y abierto a libros extranjeros, catálogos de exposiciones y revistas de arte internacionales. 

Todo esto sucedió a pesar de las limitaciones políticas y los alcances tecnológicos de su tiempo, y le dio solución a la situación crítica del arte contemporáneo por medio de una curaduría que rompió los esquemas de una actividad que usualmente depende una institución oficial de exhibición, bajo un ambiente burocrático, asociada a la riqueza, a la alta cultura y donde el arte siempre es una mercancía.           


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