Entrevista con Yoshua Okón 2017

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ



Hay obras de arte que funcionan como una herramienta para ver el futuro. La capacidad prospectiva del trabajo del artista Yoshua Okón (Ciudad de México, 1970) se puede ver de golpe en la exposición retrospectiva Colateral, que actualmente presenta en el Museo Universitario Arte Contemporáneo, la cual de forma consistente y crítica muestra, entre otras cosas, a una sociedad estadounidense que fue pavimentando durante las últimas dos décadas el camino del presidente Donald Trump a la Casa Blanca.

En el verano de 2014, cuando las aspiraciones presidenciales de Trump ni siquiera se veían como un mal chiste, ocurrió en el pueblo de Oracle, Arizona, una de las más grandes protestas en contra de la entrada ilegal de niños centroamericanos a Estados Unidos. El hecho, que tuvo una fugaz proyección mediática, motivó a Okón a trasladarse a dicho poblado para trabajar con aquellos pobladores que se autodenominaban Arizona Border Protectors, quienes aceptaron ser sus “colaboradores” y recrear para la cámara la protesta que habían hecho para pedir que se “detenga la invasión”.

Es ejemplar la capacidad del artista para lograr que personas de muy distintos condiciones de clase económica, raza, ideología o nacionalidad actúen a cuadro con una naturalidad que perturba, ya que siempre traspasan cualquier tipo de corrección política y van un paso adelante de lo que una mirada antropológica permitiría procesar de este tipo de comunidades.

Los pobladores de Oracle no sólo recrearon la protesta para el artista, sino que también mostraron sus tácticas de defensa y amedrentamiento en contra de los migrantes. En una toma que puede verse como una escenificación del vaquero moderno, un hombre blanco de complexión robusta y edad avanzada maneja con su mano izquierda una camioneta a toda velocidad, al tiempo que con su mano derecha jala el gatillo de un arma larga. La persona a cuadro se muestra eufórica, al tiempo que intenta argumentar su violenta campaña racista: “Si te metes con nosotros te vamos a disparar y eso no te va a gustar”.

Como lo explica Helena Chávez Mc Gregor en Todos estamos en peligro. Una lectura política sobre la obra de Yoshua Okón, dentro del folio de la exposición, la obra de Okón se constituye como una “herramienta de sabotaje en contra del sentido común”, que se aprovecha del humor para cuestionar los discursos dominantes del poder neoliberal, lo cual le da un carácter político. Temas como explotación, extracción, colonización o despojo aparecen mezclados dentro de un lenguaje visual que confronta directamente al espectador, ya que lo confronta con una producción artística en la que no es fácil encontrar la línea entre ficción y realidad.

Ya lo hemos tratado en otras ocasiones, pero en la actualidad, ante el discurso racista y xenofóbico de Donald Trump, obras como Oracle (2015) muestran de forma clara su capacidad prospectiva. ¿Qué tanto ha cambiado tu percepción de este tipo de piezas que claramente se adelantaron a lo que pasa actualmente en Estados Unidos?

Lo que actualmente pasa en Estados Unidos se ha venido cocinando desde hace ya mucho tiempo. La diferencia es que ya es algo de lo que se habla, que ya no se puede esconder más. Claramente Trump capitalizó todo el enojo y odio que ya existía, el hecho de que vivimos en una sociedad muy injusta y violenta en la que se está dejando a mucha gente fuera. Históricamente hemos visto cómo este tipo de crisis hacen despertar lo peor del ser humano, la xenofobia y el racismo. No es como que Trump lo inventó, el problema es mucho más profundo, es estructural. Así es que mi percepción no ha cambiado, lo que sí ha pasado es que los sucesos han vuelto aún más evidente lo que en un principio me llamó a hacer esa pieza, los sucesos recientes reafirman de manera muy contundente a lo que la obra apuntaba desde un principio. Creo que como sociedad estamos muy alienados, especialmente la sociedad estadounidense, y eso nos ha quitado la capacidad de mirar a nuestro alrededor. Si lo sabes aprovechar, ser artista te permite ver más allá del discurso dominante con el que los medios de comunicación masivos nos bombardean constantemente. El triunfo de Trump no me sorprendió ya que al hacer Oracle me familiaricé con el Estados Unidos profundo, con la existencia de este tipo de grupos ultra-nacionalistas y sus ansiedades a raíz de la globalización.

El triunfo de Trump ha hecho que al discurso neoliberal dominante no le quede más alternativa que afrontar estos aspectos tan oscuro de la realidad. Así es que no es que este problema no existiera, simplemente no lo estábamos viendo.

Tu obra, como lo describe el curador John Welchman, puede verse de forma circular, ya que conecta temas que aparentemente están desligados como la migración y el neoliberalismo.

Para contestarte regresaría al tema de la alienación, estamos perdiendo la capacidad de ver la relación de las partes. El tema de la migración responde a la globalización neoliberal, a las fuerzas de un sistema social y económico que esta dejando a millones alrededor del mundo en condiciones de pobreza extrema y los está desplazando. Y el hecho de que este problema se vuelva visible en las fronteras, porque es ahí adonde se detiene a muchos de los migrantes, no quiere decir que sea ahí adonde se generó.

Me llama la atención que tu exposición se ve como una crítica a Trump, cuando tu trabajo nunca se ha enfocado en ese personaje.

Creo que es porque, inconscientemente, Trump se ha convertido en la cara que simboliza el lado oscuro de nuestra cultura, ese horrible trasfondo que sabemos que esta ahí pero no queremos ver. Es decir, Trump se ha convertido en el villano en el que estamos depositando nuestras frustraciones porque siempre es más fácil exteriorizar los problemas y culpar a alguien, en lugar de reconocer que los problemas son mucho más de fondo y que nosotros mismos, como consumidores, somos también parte del problema. Ya que mi obra hace alusión a estos aspectos oscuros de nuestra cultura, de ahí que automáticamente se haga la asociación.

Ese problema lo empezaste a trabajar justo cuando te fuiste a estudiar a Los Ángeles. Háblame de cómo el vivir en Estados Unidos provocó un giro importante en tu producción.

Mi traslado a Estados Unidos justo coincide con grandes cambios a nivel histórico. Es aproximadamente alrededor del año 2000 cuando se consolida la globalización, y esto tiene un enorme efecto en el mundo del arte y en mi práctica. Así es que ese gran cambio de paradigma, aunado a cambiarme temporalmente de ciudad y de país, me permitieron tomar cierta distancia y es cuando me empiezo a enfocar en temas relacionados a la globalización y a la geopolítica. Estos cambios empezaron a tener un enorme impacto en los contextos locales. Fue impresionante ver la transformación de la ciudad de México, por ejemplo.

Si bien los temas son globales, tus piezas parten en su mayoría de la colaboración con comunidades muy específicas.

Mi trabajo va de lo muy particular a lo muy general, de lo micro a lo macro. Me interesa trazar la reacción entre contextos muy específicos y las fuerzas del capitalismo global, conectar puntos que aparentemente no tienen relación.

Pero la forma en que haces estas conexiones es a través de obras donde la frontera entre la ficción y la realidad es siempre difusa.

A lo largo de los años he desarrollado un lenguaje en donde existe una tensión entre el documental y la ficción. Es decir, mi práctica consiste en crear escenarios ficticios en los que, a través de la utilización de locaciones reales (en lugar de sets), de no actores (por ejemplo un policía real que actúa como policía dentro de una escenificación ficticia), y hechos históricos, existe siempre un ancla con aspectos de la realidad. Este tipo de tensión entre el documental y la ficción coloca al espectador en una posición de interpretación activa. Es decir, lo coloca en una posición en la cual, para interpretar y poder posicionarse frente a lo que está mirando, tiene que participar de manera activa y creativa en la formulación de su propia interpretación de la realidad. Parto de la idea de que, por lo general, nuestras ideas del mundo y de nosotros mismos son ideas basadas en convenciones e interpretaciones mediadas. El arte para mí es una manera de estimular el pensamiento crítico y así contrarrestar nuestra condición de consumidores pasivos.

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