Where’s the beef?

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ

Siempre he tenido la certeza de que el arte público, por más horrendo que pueda ser, tiene la capacidad de modificarnos como espectadores. Y me refiero concretamente a todo ese catálogo de esculturas monumentales que desde finales de la década de los 60 empezaron a poblar la Ciudad de México. Su exposición significa una imposición a la vida cotidiana de las personas que a diario transitan por las calles donde fueron instaladas dichas obras. Políticamente cada una de ellas representa un ejercicio de poder que parte lo mismo del interés legítimo de un artista, que de la sistemática ignorancia de algún funcionario en turno.

Pero si asumimos que el arte público puede moldear nuestra mirada, ¿qué vínculo sensible se genera con el espectador? ¿Qué nos dice, por ejemplo, la repentina ausencia de dichas obras? Qué pasa cuando una escultura de sitio específico se pierde, se destruye o simplemente se muda? ¿Cómo nos relacionamos con sus vestigios? ¿Qué nos dice su ausencia?

La escultura Muro articulado, que el artista Cristóbal Gracia (Ciudad de México, 1987) instaló durante cuatro días, del 15 al 18 de enero de 2016, en la lateral del Periférico Bulevar Adolfo Ruíz Cortines 5482, colonia El Caracol, Coyoacán, problematiza este tipo de interrogantes, ya que el sitio donde fue colocada es el mismo donde estuvo colocada (y prácticamente abandonada hasta 2012) la pieza homónima que el artista austriaco Herbert Bayer (1900-1985) realizó en 1968 como parte de la Ruta de la Amistad.

Gracia reinterpreta la escultura de Bayer, que básicamente es una sucesión de 33 trabes rectangulares de concreto pintadas de color amarillos, que miden ocho metros de largo cada uno, las cuales fueron colocan sobre un eje de acero desfasados algunos grados de su centro para dar la sensación de movimiento en espiral a lo largo de los 16 metros de alto que tiene la obra.

Las obras del segundo piso de Periférico ocasionaron que la escultura de Bayer se trasladara en 2013 al trébol de Insurgentes y Periférico, junto con otras obras de la Ruta de la Amistad, dejando detrás un terreno que es utilizado parcialmente como bodega del Patronato Ruta de la Amistad, pero que en su suelo aún conserva el hueco que dejó el eje de acero, así como las líneas que sirvieron de guía para alinear cada uno de los bloques de la escultura.

Sobre esos vestigios Gracia montó una estructura de andamios amarillos que reproducía en altura y dimensiones la obra de Bayer, pero no como un gesto mimético, sino como una versión esquelética de la obra. Lo que el artista buscaba era hacer una representación descarnada de la original, ya que en la cima de los andamios colocó un espectáculos luminoso con la frase Where’s the beef? (¿Dónde está la carne?).

La obra de Gracia opera a partir de numerosas capas que se cruzan y viajan temporal y geográficamente, ya que su acción no sólo refiere a la Ruta de la Amistad y a la operación política que en 1968 buscaba obnubilar, mediante un aparato mediático y cultural, la masacre de Tlatelolco, previa a las Olimpiadas de México en 1968; sino que también se articula como un gesto que se conecta directamente con la réplica de Muro articulado que el propio Bayer hizo en 1985 en Dénver, Estados Unidos.

Pero vayamos por partes. Gracia se enfoca en la Ruta de la Amistad, no como un ciego seguidor de los ideales y propuestas artísticas, urbanísticas y culturales del proyecto impulsado por Mathias Goeritz, sino que lo que le interesa es escarbar entre sus ruinas. Recordemos que las esculturas permanecieron en el abandono muchos años y fue en esa época cuando el artista conoció, como cualquier vecino, la obra de Bayer. Para el artista el abandono y la destrucción liberó a las obras de su carácter político y propagandístico. Ya no se podían ver como ejemplo de un México moderno.

Es por ello que el arte público vuelto ruina es el que señala Gracia, básicamente para traer al presente la maniobra política que representó no sólo la Ruta de la Amistad, sino todo el Programa artístico y cultural de los Juegos de la XIX Olimpiada, dirigido por Pedro Ramírez Vázquez, para sortear, con el lema “Todo es posible en la paz”, el estigma que representó para el evento la Matanza de Tlatelolco.

Si bien el letrero Where´s the beef? copia un anuncio que creó en 1984 la cadena estadounidense Wendy’s para promocionar sus hamburguesas, el cual Gracia descubrió cuando investigaba la réplica de Muro articulado, en Dénver, la frase es desplazada al contexto mexicano para preguntar, desde el mismo sitio donde fue instalada la Ruta de la Amistad, ¿dónde está la carne? ¿dónde están los estudiantes muertos y desaparecidos el 2 de octubre de 1968, diez días antes de la inauguración de las Olimpiadas en México?

Si bien Gracia genera un diálogo empático con Bayer, su aproximación siempre se da a partir de las fisuras o deformaciones que tiene su discurso escultórico. Esta visión no sólo se aterriza en una exploración política, como claramente se ve entre su obra y la Ruta de la Amistad, sino que la pieza también acentúa la relación cotidiana, casi familiar, que genera la escultura pública en el contexto estadounidense, donde los habitantes de Dénver conocen Muro articulado como la escultura de las “papas fritas”.

Esto llevo al artista a intervenir la escultura de Bayer en Estados Unidos, a través de un concurso de comida, French Fry Eating Contest. La acción se realizó en abril de 2015, en el marco de la Bienal de las Américas de Dénver, y ofreció un premio de 200 dólares a la persona que comiera más papas fritas en 15 minutos, teniendo como telón de fondo Muro articulado.

Además de que la comida para el concurso la compró en Wendy’s, el concurso sólo aceptó diez participantes, porque en el proceso de reubicación de Muro articulado en la Ciudad de México diez bloques se destruyeron, entonces el artista asumió esta número para delimitar su propio trabajo. Los diez concursantes eran los diez bloques perdidos. Nuevamente la conexión con la obra de Bayer se genera a partir de lo emotivo y de sus ruinas, más allá de las cualidades formales que pueda proponer la escultura.

Where’s the beef? se exhiben actualmente dentro de la exposición De la formación a lo público. Exposición de la cuarta edición: Programa Bancomer BBVA-MACG para jóvenes creadores, en el Museo de Arte Carrillo Gil. Si bien es ejemplar el montaje del letrero luminoso, así como los videos del montaje de Muro Articulado en Periférico y del concurso de comida en Dénver, Gracia se excede con algunos elementos que le dan un efecto teatral a la obra que no necesita la obra, como es el dejar las botellas de salsa valentina con la cual intervino parcialmente la instalación.

Es claro que nunca será fácil llevar al espacio expositivo este tipo de proyectos, por lo que resulta lamentable que la obra de Gracia sólo se hubiera exhibido un fin de semana en el Periférico, simplemente porque el presidente del Patronato de la Ruta de la Amistad, Luis Javier de la Torre, no tenía afinidad con el proyecto. Si bien es innegable la labor que este organismo, que recibe fondos públicos y privados, ha tenido para la conservación de las esculturas, también llama la atención que recaiga en una sola persona decisiones tan importantes como decidir qué artistas o qué instituciones pueden dialogar o intervenir las “obras públicas”. 

 

El proyecto Where’s the beef?, de Cristóbal Gracia, forma parte de la exposición colectiva De la formación a lo público. Exposición de la cuarta edición: Programa Bancomer BBVA-MACG para jóvenes creadores, que se exhibe en el Museo de Arte Carrillo Gil (Av. Revolución 1608, San Ángel), del 29 de enero al 22 de mayo de 2016.

 

Crédito de fotos: Cortesía Jasso Production



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