Obras clave, curaduría y la presencia de México en la muestra central de la Bienal de Venecia

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ

I-D acompañó a uno de los periodistas de arte más importantes del país a la Bienal de Venecia, quien analiza las características curatoriales de la muestra central, así como la presencia de México en la misma.


"Dibujo colectivo", Cooperativa Cráter Invertido.

La 56 Muestra Internacional de Arte de la Bienal de Venecia, cuya muestra central "Todos los futuros del mundo" fue curada por el nigeriano Okwui Enwezor, me recuerda la discusión que en 2007 desató Annie Leibovitz, la fotógrafa de las celebridades, cuando fue duramente criticada por retratar de la forma más conservadora posible a la reina Isabel II.

La artista de moda, que había marcado tendencia al fotografiar a John Lennon desnudo, a Demi Moore embarazada y a Whoopi Goldberg bañada en leche, se dejó seducir como una súbdita por el protocolo monárquico y entregó una obra que igual pudo haber sido pintada por cualquier artista isabelino del siglo XIX. En los dos retratos de Leibovitz el brillante rostro de la reina, que igual pudo haber sido esculpido en un níveo mármol, ilumina toda la escena gracias al contraste que se le daba, primero, con un nublado descampado y, después, en una habitación de alguno de sus palacios.

La pregunta que mantiene hasta la fecha este debate es si Leibovitz tuvo la mínima oportunidad de mostrar a la reina Isabel II fuera del cliché que desde hace siglos ha reproducido la institución real. La respuesta seguramente es no, simple y sencillamente porque una de las virtudes que le ha permitido subsistir a la monarquía está en insistir en que son importantes (casi vitales) las formas y protocolos que sostienen públicamente a esta anacrónica realeza.

Lo mismo podemos decir de la designación de Enwezor como director artístico de la Bienal de Venecia, el encuentro de arte más influyente y antiguo del mundo, fundada en 1895, es decir, una vieja señora de más de un siglo que cada dos años se vuelve la cita imperdible de los principales artistas, curadores, coleccionistas y marchantes del arte contemporáneo.

Enwezor, director del Haus der Kunst de Múnich, quien ha sido director artístico de la Bienal de Johanesburgo (1996-1998), de la documenta 11 (1998-2002), la Bienal de Sevilla (2005-2007), la Bienal de Gwangju (2008) y la Trienal del Palais de Tokyo (2012), llegó a la ciudad italiana como un candidato natural para dirigir el máximo encuentro de arte, por lo que presentó un ambicioso proyecto curatorial que, según dijo, buscaba "generar un disturbio" en la tranquilidad que tradicionalmente existe en el Arsenale y los Giardini.

Esta idea de disturbio llevó a Enwezor a desarrollar un polémico montaje, en el cual presentó las obras en espacios cerrados, luego de que seccionó los grandes galerones del Arsenale y el Pabellón Central en los Giardini.

Además, diseñó una barroca museografía en la cual las obras visualmente se contaminaban entre sí; sin mencionar que la información que se proporcionaba al visitante se limitaba al nombre de la obra y a la ficha técnica, lo cual volvía demasiado críptica la mayoría de las obras exhibidas, ya que la selección de artistas incluía a muchos creadores que apenas tienen una presencia internacional o provienen de escenas periféricas, como los artistas africanos que tuvieron una presencia cuantitativa nunca antes vista.

Contrario a lo que sugiere el título "Todos los futuros del mundo", pensando al futuro como un sinónimo de esperanza, Enwezor asume una posición crítica de la actualidad mundial, a partir de que el curador confronta los truncos ideales que promovió en el siglo XX la modernidad y la idea de progreso, para proponer una selección de obras que mostraran "una nueva valoración de la relación del arte y los artistas con (la crisis en) el estado actual de las cosas" .

En el discurso, Enwezor buscaba utilizar la mayor marquesina del arte contemporáneo para mostrar "las rupturas que rodean y abundan en cada esquina del paisaje global del siglo XXI, los cuales recuerdan los escombros evanescentes de las catástrofes apiladas a los pies del ángel de la historia".

Pero la Bienal de Venecia, al igual que la reina Isabel II, sigue siendo esa vieja señora que todo lo absorbe y mediatiza para ser consumido como un producto cultural que por una élite de coleccionistas, críticos y funcionarios de instituciones culturales que seguirán marcando la pauta de este tipo de eventos a partir de su poder económico.

Es en este punto donde se lamenta que la museografía proporcione tan poca información de las obras en concreto, ya que ni el voluminoso catálogo de 637 páginas da información precisa de las piezas y sólo reúne imágenes de las mismas o de proyectos similares.

Para fundamentar su guión curatorial Enwezor abre la pregunta ¿cómo puede la inquietante actual de nuestro tiempo ser adecuadamente comprendida, examinada y articulada? Pero esta interrogante, desafortunadamente, no encuentra respuesta en "Todos los futuros del mundo", ya que la saturación visual y la falta de información neutralizan la carga crítica de las obras, volviéndolas, en el mejor de los casos, en objetos desconcertantes.

Desde el inicio de la exposición en el Arsenale, donde se despliegan las esculturas de neón de donde las luces de neón del estadunidense Bruce Nauman con frases como "Raw War", "Eath Dead" y "American Violence", junto a una instalación con una serie de machetes apilados, "Nynphéas", del argelino Adel Abdessemed, las obras se ven como comentarios obvios a los problemas de violencia, explotación, racismo y discriminación a las cuales se aluden, pero en ninguno de los casos como un diálogo que genere una reflexión.

"Nynphéas", del argelino Adel Abdessemed.

Lo mismo podemos decir de las alucinantes esculturas metálicas del estadunidense Melvin Edwards, que crea una suerte de máscaras africanas con armas y herramientas; el cañón del italiano Pino Pascali, "Cannone Semovente", que partía uno de los pabellones centrales del Arsenal; o la pieza del colectivo The Propeller Group, que encapsulan en gel dos balas disparadas por un AK47 y un M16.

Como todas las ediciones de la Bienal de Venecia, los grandes nombres aparecen dispersos a lo largo de la sala. En la muestra encontramos lo mismo piezas recientes o históricas de artistas como Jennifer Allora & Guillermo Calzadilla, Georg Baselitz, Marcel Broodthaers, Teresa Burga, Tania Bruguera, Harun Farocki, Andreas Gursky, Hans Haacke, Thomas Hirschhorn, Carsten Höller, Steve McQueen, Philippe Parreno, Robert Smithson y Rirkrit Tiravanija, entre otros.

"The AK-47 vs. The M16", del colectivo The Propeller Group.

Es ejemplar la operación promocional que desarrolló la galería David Zwirner, apoyada del British Council, para montar un equipo de asistentes que comentaban dentro del Arsenale la obra "Frequencies (an archive, yet possibilities)", del artista colombiano Oscar Murillo (un fenómeno del mercado del arte, a quien se le ha llamado el Basquiat colombiano).

La pieza exhibía una serie de telas que habían sido repartidas en escuelas de educación básica de todo el mundo para ser colocados durante algunos meses en las bancas donde escriben los estudiantes. Las marcas, dibujos, rayones, trazos o la simple mugre de sus manos fueron nutriendo la obra que Murillo ahora exhibe en Venecia sobre unas brillantes mesas doradas que trazan en un mapa los países de donde provienen cada juego de telas.

Frequencies (an archive, yet possibilities)", del artista colombiano Oscar Murillo.

En términos de circulación de las imágenes, vale la pena mencionar dos obras que han sido muy retratadas, pero que de nueva cuenta no representan lo que a simple vista se ve.

La obra del turco Kutluğ Ataman, "The Portrait of Sakip Sabanci", monumental pieza de videoarte montada en el techo, la cual se conforma de 10 mil paneles LCD en las cuales se muestra el retrato de todas las personas que formaron parte de la vida o fueron apoyadas por el empresario turco. Sin tener esta información, la obra podría ser vista en el contexto de la exposición como una colección de retratos de personas muertas en algún conflicto, cuando en realidad la obra fue creada como una suerte de memorial que conmemoraba el décimo aniversario luctuoso de Sakip Sabanci.

"The Portrait of Sakip Sabanci", del turco Kutluğ Ataman.

En el caso de "Out of Bounds", del artista ganés Ibrahim Mahama, una monumental instalación hecha con sacos de carbón que cubría los muros exteriores del Arsenale, la pieza se neutraliza al mimetizarse con la arquitectura de ladrillos expuestos de los antiguos galerones militares. La obra ha resultado más contundente cuando se monta en edificios con una arquitectura más neutral y limpia.

"Out of Bounds", del artista ganés Ibrahim Mahama.

La curaduría de Enwezor sólo incluyó un proyecto mexicano, un dibujo colectivo creado por la Cooperativa Cráter Invertido, integrado por Andrés García Riley, Andrés Villalobos, Dasha Chernysheva, Diego Teo, Juan Caloca, Jazael Olguín Zapata, Natalia Magdaleno, Rodrigo Treviño, Waysatta Fernández y Yollotl Alvarado.

La pieza fue instalada en la octava sección del Arsenale en un bastidor con una base rectangular que tenía una serie de curvas que daban un efecto ondulante al dibujo. De nueva cuenta, la falta de información del proyecto provocaba que la pieza pasara prácticamente inadvertida, ya que los dibujos con una estética precaria (parecía un homenaje a Daniel Guzmán o José Luis Sánchez Rull) no despertaban gran interés.

Cuando le pregunté a Enwezor, en la conferencia de prensa, sobre la decisión de incluir el trabajo de la Cooperativa Cráter Invertido, el curador nigeriano evitó dar una respuesta concreta bajo el argumento de que él hablada de una exposición, no de artistas individuales. Su gesto de molestia me dio la impresión de que no tenía un buen argumento.

"Dibujo colectivo", Cooperativa Cráter Invertido.


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