SITAC XIII

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ


Para abordar la edición XIII del Simposio Internacional de Teoría de Arte Contemporáneo (SITAC), que se realizó en su primera fase en el Teatro Julio Castillo los días 16 y 17 de abril de 2016, es necesario recordar que el proyecto organizado por el Patronato de Arte Contemporáneo (PAC) viene de una profunda crisis que no sólo alteró la temporalidad del evento (la edición de 2014 no se realizó y desde entonces ocurre en diferentes fechas del año), sino que además anuló la figura del director, que tradicionalmente era quien definía el tema y los contenidos de cada encuentro, para delegar la responsabilidad en un grupo de coordinadores y un equipo de trabajo que propuso cada uno de los inabarcables temas, así como la dispareja lista de ponentes.

Para el presente SITAC, que lleva como título Nadie es inocente (cuyo fantasmagórico sub-título, Todos somos culpables, circuló cual freudiano acto fallido durante todas las mesas de debate), se dividió en tres Nodos que iniciaron con dos días intensivos de charlas, pero que se extenderá hasta el mes de octubre, cuando se organizarán otras mesas en la Universidad de las Américas Puebla.

 

Si bien todos estos cambios se hicieron bajo la legítima necesidad de darle otra dinámica al simposio, los resultados desde el primer día no fueron los esperados. Basta con comparar la enorme expectación y posterior decepción que generó la primera mesa de discusión, Políticas de la cultura, en la que participó el teórico de moda, Boris Groys, y Nina Möntmann

Moderada por Magalí Arriola, la mesa no cuajó desde los primeros minutos, ya que el formato no permitió que el teórico alemán desarrollara con claridad alguna de sus ideas sobre el sistema del arte, la operación actual de los museos y su acotada presencia en internet, el mal gusto de los coleccionistas o la falta de políticas de parte de los estados nacionales sobre la documentación del arte. En los hechos, Groys manoseó superficialmente algunas de sus ideas que se pueden leer en libros (muchos incluso en español) para cumplir con el requisito de la charla.

Aún cuando era obvio para casi todos que presentar a un teórico tan conocido como Groys requería necesariamente de una ponencia magistral, la enorme tarea de traerlo a México se desperdició con una mesa en la que la moderación no permitió tampoco un diálogo entre los ponentes, además de que planteó cosas tan arbitrarias como que Jumex había transformado el escenario artístico en México gracias a sus patrocinios. Nunca entendí cómo este tipo de opiniones podían conectarse con las Políticas de la cultura o con las investigaciones deGroys y Möntmann.

Si bien el barco casi se hunde desde la primera hora, el SITAC tuvo algunos momentos interesantes una vez que se fueron las estrellas de la teoría. El debate llegó cuando la discusión se volcó al plano local dentro de la mesa, El aparato cultural mexicano a examen, moderado por María Minera, donde convivieron discursos literalmente antagónicos.

Por un lado estaban los planteamientos de una quirúrgica y eficiente radicalidad de Heriberto Yépez, quien proponía debatir el tema a partir de la premisa de que la naciente Secretaría de Cultura forma parte de una “dictadura de clase” (citando a José Revueltas); mientras que en el otro se podía ver un militante proselitismo reaccionario en voz la editora Déborah Holtz, quien pedía un voto de confianza para la naciente Secretaría, pues veía en ella “una oportunidad, un nuevo paradigma y una apertura”.

En medio hubo algunos gritos y sombrerazos, pero faltó tiempo para aclarar, por ejemplo, cómo podía Yépez plantear una resistencia hacia la “dictadura neoliberal”, sin que su práctica terminara legitimando una vez más al mismo sistema que pretende combatir. O pedirle a Holtz que tratara de perfilar cómo cree que la Secretaría de Cultura ha modificado el sistema clientelar y de grupos que el ex Conaculta ha mantenido históricamente hacia la mayoría de los productores independientes. ¿Dónde la editora ve realmente una oportunidad? Sería bueno que se diera una vuelta por Arenal para que viera, ¡oh sorpresa!, que siguen las mismas personas. Nada, salvo el nombre, ha cambiado. ¿Quién encabeza ese nuevo paradigma?

Por la tarde se dio la charla más eficiente de todo el SITAC dentro de la mesa ¿Cultura del beneficio común? Con una economía y contundencia argumental, el crítico y curador Christian Viveros-Fauné hizo una fotografía de la  grave situación de la cultura global, donde el trabajo y esfuerzo de todos los productores, reproductores e intermediarios del mundo del arte están destinados a beneficiar directa o indirectamente al .001 por ciento de la población mundial.

Con información que retomó de las recientes filtraciones de los Papeles de Panamá, Viveros-Fauné reconstruyó el fraudulento trayecto que ha permitido que verdaderos criminales de cuello blanco especulen y moneticen de manera exponencial obras emblemáticas como Las mujeres de Argel (1955), de Pablo Picasso, que en 1997 marcó un hito al destapar el millonario mercado de arte internacional con una subasta en Christie’s, donde se vendió la obra  se vendió en 31.9 millones de dólares.

Viveros-Fauné nos recuerda que en mayo de 2015 la misma pintura se vendió en 179.4 millones de dólares. Lo que hasta hace unas semanas se consideraba un crecimiento orgánico del mercado, tras los Papeles de Panamá se sabe que en realidad es producto de la especulación y de operaciones financieras que en otros sectores de la economía son considerados como crímenes.

El cierre del SITAC llegó con una de las mesas más problemáticas, Producción del valor del arte, en la que participaron Daniel Aguilar RuvalcabaAlejandro Gómez-Arias y Sandra Sánchez, todos jóvenes artistas o promotores que se han abierto un lugar dentro del campo artístico a partir de su desarrollo dentro de los llamados espacios independientes.

Moderado por Pilar Villelala mesa fue un rosario que sintetizó las injustas y precarias condiciones del sistema del arte que obliga a los noveles productores a emplearse en actividades (no vinculadas con el arte) para generar recursos que les permita pagar la renta y dedicarse a producir su obra. Este argumento lo desplegaron en exceso Gómez-Arias y Sánchez,  sin reparar por un sólo momento que aquello que describían no era el sistema del arte, sino el sistema económico en el que vive cualquier persona que se suma al medio laboral.

Es ocioso reparar en la cantidad de oficios, prácticas o profesiones que explotan a los nuevos trabajadores hasta que obtienen el prestigio necesario para realizar su labor con una remuneración decente. Pero incluso, el propio medio local del arte ha dado decenas de ejemplos de artistas exitosos artística y económicamente que en sus inicios hicieron todo tipo de actividad para luego dedicarse de lleno a su producción artística. Tan sólo vale recordar todas las anécdotas que hay de Teresa Margolles, hoy por hoy la artista mexicana viva con mayor reconocimiento internacional, cuando para vivir vendía libros afuera de la Facultad de Filosofía de la UNAM. O el caso de quien moderaba la mesa, Pilar Villela, quien recientemente hizo público que no ha logrado vender su trabajo como artista, por lo que se desempeña mayormente en otros oficios. De qué hablan estos jóvenes cuando piden que el trabajo artístico sea pagado con anticipación o sin importar que la obra que realizan genere o no ganancias.

Lo que sin saber están proponiendo es otro sistema económico, pero desafortunadamente no tienen las herramientas argumentales para imaginar este nuevo sistema, ya que sus propuestas cayeron sistemáticamente en los lugares comunes de numerosos grupos o movimientos comunitarios que son simples paliativos filantrópicos. El lamento de estos jóvenes no ofrece soluciones, sólo lamento. En su discurso apareció la imagen del artista emprendedor que devino en especulador, pero sin darse cuenta su discurso parecía el de un artista mártir.

Vale decir que Aguilar Ruvalcaba no participó de esta ingenua discusión y presentó un texto que sin duda tiene una mejor manufactura que la mayoría de sus escritos previos. Sin embargo, como su ponencia buscaba ser un elaborado chiste, lo único que puedo decir es que me hizo reír.

 

El programa completo del SITAC se encuentra en http://sitac.org/.


SITAC XIII: No one is Innocent


In order to address the XIII International Symposium of Contemporary Art Theory (SITAC), whose first installment was held at the Julio Castillo Theatre on April 16 and 17, 2016, one must remember that the project, organized by the Board of Contemporary Art (PAC) is coming out of a profound crisis, which not only altered the event’s timing (the 2014 edition was cancelled, and since then SITAC has occurred at different times of the year), but also absolved it of the director figure, who traditionally defined the subject matter and content of each symposium. This year that responsibility was delegated to a group of coordinators and separate teams that proposed the expansive issues and uneven list of speakers.

This most recent SITAC, titled No one is Innocent (whose illusive sub-title is, We are all Guilty, gave all the debates Freudian overtones), was divided into three Nodes, which began with two days of intensive talks, but which will last until October, when further discussions will be held at the Universidad de las Américas, Puebla.

While all of these changes were made as part of a legitimate need to give the symposium a new dynamic, the results from the first day were not those expected. This is evidenced by the enormous expectations and subsequent disappointment generated in the first panel discussion,Politics of Culture, which featured the popular theorist Boris Groys and Nina Möntmann.

Magali Arriola moderated the discussion, and it was dysfunctional from the moment it began.  The format did not allow the German theorist to develop his ideas about systems in the art world, the current function of museums and their relationship to their Internet presence, the lack of taste of collectors, or the lack of effective policies by the state for adequate arts documentation. In fact, it seemed that in order to meet the requirements of his talk, Groys superficially touched upon some of the same ideas that can be found in his books (many of which have been translated into Spanish).

Even though it seems obvious that including a thinker as well known as Groys would require a keynote lecture, the enormous task of bringingGroys to Mexico was wasted in a discussion whose moderation did not even allow for a dialogue between its two different speakers. The round table’s speakers ended up developing completely arbitrary ideas, for example that Jumex had transformed the art scene in Mexico thanks to its sponsorships. I was not able to understand how these types of opinions could be connected to Politics of Culture or to the research of Groys and Möntmann.

Although the boat nearly sunk in the symposium’s first few hours, SITAC had some interesting moments once the theoretical superstars had left. An interesting discussion ensued when the focus turned to local with, The Mexican Cultural Apparatus Examined, moderated by María Minera, where completely antagonistic points of view coincided.

On one side, there was the surgically efficient radicalism of Heriberto Yépez, who posed his analysis of Mexico’s cultural apparatus from the premise that the nascent Ministry of Culture is part of a "class dictatorship" (an idea taken from José Revueltas); while on the other was the militant, even proselytizing reactionary voice of editor Déborah Holtz, who called for a vote of confidence in the new Secretariat, claiming she saw in it "a chance, a new paradigm, and new openness."

In the middle there were some shouts and attempts at confrontation, but there wasn’t enough time to ask the speakers to clarify some of their points. For example, how could Yépez generate a form of resistance to the "neoliberal dictatorship" without ending up legitimizing the same system he aimed to combat? There wasn’t enough time to ask Holtz to elaborate on how the Secretary of Culture has modified the system of patronage and support of the ex Conaculta, which has historically maintained a preference for independent producers. Where did Holtz see an actual opportunity? It would be a good idea for Holtz to take a look for Arenal 40 (the office of the Secretary of Culture) to see, shockingly, that the same people remain in power. Nothing but the name has changed. So, who really leads this new paradigm?

In the afternoon the most productive talk of SITAC took place, entitled, Culture of Common Benefit? With an economy of language and a commanding argument, critic and curator, Christian Viveros-Fauné, created a grave depiction of global culture, in which the efforts and labor of all the art world’s producers, actors, and intermediaries are destined to benefit directly or indirectly from the .001 percent of the population. With information taken from the recent leaks of the Panama PapersViveros-Fauné reconstructed the fraudulent path that has permitted the world’s white collar criminals to speculate and exponentially monetize emblematic works such as the Women of Algiers (1955) by Pablo Picasso, which in 1997 sold for 31.9 million dollars, a turning point in the prices of the international art market.

Viveros-Fauné reminded us that in May 2015 the same painting sold for 179.4 million dollars. What was, up until a few weeks ago, considered a reflection of organic market growth, after the release of the Panama Papers has been shown as the result of speculation and financial operations that in other sectors of the economy are considered criminal.

The closure of SITAC was marked by one of the most problematic discussions, The Production of Art Value, with participants Daniel Aguilar RuvalcabaAlejandro Gómez-Arias and Sandra Sánchez, all young artists or promoters who have opened new territory in the artistic field from their development within so-called independent spaces.

Moderated by Pilar Villela, the table was a synthesis of the unjust and precarious conditions of the art system that requires its novice producers to participate in activities not associated with art in order to generate resources that allow them to pay rent and engage in the production of their work. Gómez-Arias and Sánchez deployed this argument in excess, without even a momentary consideration that they might not be describing the art system, but the economic system in general, and the experience of anyone who first joins a working environment.

There are countless trades, professions or practices in which new workers are exploited until they obtain the prestige necessary to carry out their own work with a decent pay. Furthermore, the local art scene has given dozens of examples in which successful artists, economically and otherwise, have initially participated in a range of activities before dedicating themselves entirely to their artistic production. It is worth remembering the anecdotes about Teresa Margolles, today arguably the living Mexican artist most highly recognized by an international audience, who, to make ends meet, once sold sold books outside UNAM’s Philosophy Department. Or the case of the table’s moderator,Pilar Villela, who recently made public that she has not been able to sell her work as an artist, and therefore works mostly in other trades. What are these young speakers talking about when they ask that the artist’s work be paid in anticipation or without taking the into account whether or not her work generates a profit?

What they are proposing is another economic system, but unfortunately they do not have the analytical tools in which to imagine this new system, as their proposals fell systematically to the trapping s of numerous community driven or group oriented movements that end up as short term philanthropic endeavors. The criticism of these young thinkers is done without a proposed solution. In their speeches the artist entrepreneur turned speculative actor, ends up being an artist as martyr.

It is worth mentioning that Daniel Aguilar Ruvalcaba did not participate in this naive discussion, and presented a text that was certainly better manufactured than most of his previous writings. However, as his paper was meant to be an elaborate joke, all I can say is that made me laugh.

 

Translated by Nika Chilewich

 

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