Entrevista Olivier Debroise. La era de la discrepancia (2007)

Por Edgar Alejandro Hernández




Cuando se habla de arte contemporáneo mexicano resulta difícil pensar en piezas de arte conceptual hechas a finales de los 60 o en obra influída por la cibernética realizada en la década de los 70, aún cuando todo esto existió y son los antecedentes de los artistas que actualmente tienen un reconocimiento internacional.


El gran velo institucional que desde mediados del Siglo 20 ha perpetuado el discurso plástico de la Escuela Mexicana de Pintura y, en algunos casos, de la llamada Generación de la Ruptura, ha mantenido en el olvido a centenares de creadores que desde hace más de 30 años dominaban discursos de vanguardia, que en muchos casos son repetidas por creadores que en la actualidad han logrado una resonancia y visibilidad importante dentro de la escena mexicana.


Son estos artistas, que se caracterizaron por su desacuerdo perpetuo y por increpar el sentido tradicional del "arte", los que ahora darán cuerpo a la magna exposición "La era de la discrepancia", la primera muestra panorámica que busca hacer un recuento histórico de los diferentes tendencias, grupos y creadores que no sólo se relacionaron con las corrientes globalizadas del arte, sino que exploraron prácticamente todos los lenguajes del arte contemporáneo entre los años de 1968 a 1997.


Los nuevos soportes, el trabajo documental, el vínculo con movimientos sociales, la experimentación plástica, los libros de artista, la contracultura, el arte objeto, el performance, la fotografía y el video, entre un largo y complejo cúmulo de obra creada en los últimos 30 años, se conjuga por primera ocasión en el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA), para dar vida a 11 núcleos temáticos que revisan las obras y los momentos que marcaron la historia reciente del arte contemporáneo en México.


El curador de la muestra, Olivier Debroise, explica que "La era de la discrepancia" no logra ser una muestra panorámica, ya que resulta prácticamente imposible abarcar 30 años de arte en 200 obras, sino más bien una revisión sintética que señala de forma puntual los personajes, acontecimientos y momentos que se quedaron muchas veces en el olvido y que son protagonistas de la historia del arte contemporáneo mexicano.


La muestra que también fue curada por Cuauhtémoc Medina, Pilar García y Alvaro Vázquez, inicia en 1968 con los "Salones Independientes", donde se empezaban a explorar soportes alejados de la pintura y la escultura y que lograron llevar nuevas propuestas de arte mexicano al extranjero.


En el área denominada "Sistemas" se muestra obra que se ha querido vincular con los geometristas, pero que en realidad atiende a influencias de los descubrimientos matemáticos o de las nuevas tecnologías, como la cibernética.

La exposición da una visión de las llamadas prácticas alternativas, de los libros de artistas y los colectivos, que conducen al área denominada "Insurgencias", donde se recupera no sólo el trabajo de los fotorreporteros, sino de los videastas y fotógrafos que dieron cuenta de los nuevos agentes sociales como los chavos banda o de espacios como Ciudad Neza o Tacubaya.


El temblor de 1985 es el acontecimiento histórico que marca la división de la exposición, ya que a partir de ese año se llega al núcleo de "La identidad como utopía", que recoge el trabajo de los artistas que en los 80 y 90 trabajaron con temas como el feminismo, el movimiento gay y las nuevas identidades nacionales.


En la última parte se revisa el trabajo de creadores que ya de forma sistemática se enfocan a los nuevos soportes y a la vinculación con temas sociales y políticos como el salinismo.

Para Debroise, la exposición demuestra que existe una gran falta de memoria no sólo dentro de las instituciones culturales, sino dentro de los propios artistas.


"Una de las cosas motivo originalmente la muestra fue que hay una gran falta de memoria dentro del arte contemporáneo. Los nuevos soportes no son un descubrimiento de los 90, porque como se ve con estas obras había artistas que ya hacían performance, utilizan los periódicos, sabían perfectamente del arte conceptual y buscaban otros contextos desde 1968", indica Debroise.


Por ejemplo, recuerda el curador, la famosa idea de la globalización, tan sobada hoy día, existía y era vigente desde finales de los años 60, ya que no sólo los artistas mexicanos tenían una gran comunicación con creadores de vanguardia de otros países, sino que exhibían su obra fuera del país e invitaban a artistas extranjeros para hacer obra en México.


Al ser cuestionado sobre qué factores provocaron este gran blanco dentro de la historia del arte, Debroise recuerda que las instituciones culturales de forma deliberada mantuvieron su interés en el arte nacionalista, que aún en exposiciones como "Esplendores de 30 Siglos", en 1991, sólo daban cuenta del trabajo artístico hasta la obra de Rufino Tamayo.


"El famoso nacionalismo ha tratado de negar a todos estos creadores. Todo lo que tu vez en estas salas no tenían ninguna posibilidad de incorporar todo en ese mismo discurso, ya sea porque los soportes no lo permitían o porque el discurso era demasiado político".

Vale recordar que por iniciativa de los propios artistas, la mayoría de su obra se hizo al margen de las instituciones del estado, dado su propia naturaleza que estaba al margen de las estructuras del arte oficial.


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