La vanguardia mexicana

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ


El arte hecho desde México ha vivido un apogeo inusitado en los últimos 20 años. Esto ha llevado a artistas mexicanos a sobresalir en exposiciones, bienales y ferias internacionales; y al arte internacional a sumarse a los recintos locales. Incluso en las subastas internacionales las obras de arte mexicano han visto un impresionante interés. 


Glenn Lowry, director del Modern Museum of Arte (MOMA) de Nueva York, es contundente cuando habla de la fuerte penetración que tiene el arte mexicano en su institución. De entrada da cifras que hablan por sí solas. De las tres mil 500 obras de su colección latinoamericana, alrededor de mil 200 son mexicanas, y el número sigue en aumento, ya que en los últimos dos años han comprado cerca de 100 piezas de autores como Gabriel Orozco, Damián Ortega, Rafael Lozano-Hemmer y Daniela Rossell, entre otros.

“En 2011 hicimos una exposición del trabajo de Diego Rivera y una gran parte de nuestra colección es de arte latinoamericano. En México el interés es más profundo y tenemos, por ejemplo, a Gabriel Orozco y a Francis Alÿs, que ya los expusimos”, recordó Lowry, quien visitó la Ciudad de México para participar en el encuentro de la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD, por sus siglas en inglés).

Lowry también indicó que tienen en puerta colaboraciones con instituciones del país como el Museo Jumex y el Museo del Palacio de Bellas Artes, además de que mantendrán su programa de adquisiciones de arte mexicano.

Actualmente destaca la exposición América Latina en construcción: La arquitectura 1955-1980 que se inauguró en el MoMA el pasado 29 de marzo y reúne más de 500 fotografías, dibujos, planos, maquetas y diseños de arquitectos como Mario Pani, Luis Barragán, Juan O’Gorman, Teodoro González de León, Lina Bo Bardi y Oscar Niemeyer, entre otros.

Pero el MoMA no es la única institución que ha puesto atención en la escena del arte mexicano. En la pasada edición de la feria Zona Maco acudieron patronos del Centro George Pompidou de París, de la Tate Modern de Londres, del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, del Museo de Arte de Santa Bárbara y del Museo de Arte de Lima, quienes no sólo visitaron la feria, sino que participaron de un recorrido por los principales recintos culturales de la Ciudad de México, Puebla y Cuernavaca.

“No estamos hablando de amigos de museos sino de la gente que sostiene económicamente, de alguna manera quienes inyectan dinero. Viene el patronato del museo Pompidou, que es una asociación de coleccionistas que van a comprar artistas latinoamericanos, artistas para sus exposiciones”, recordó Pablo del Val, director artístico de Zona Maco.

La presencia de importantes coleccionistas internacionales en la pasada feria Zona Maco también es un elemento que destacó Carmen Reviriego, presidenta del Wealth Advisory Services, quien visitó la Ciudad de México para presentar su libro El laberinto del arte, el cual  hurga en el mundo económico del coleccionismo para entender su reglas, a partir de entrevistas con algunos de su protagonistas.

“Yo venía en el avión con tres grandes coleccionistas españoles que venían a comprar a Zona Maco”, apunta Reviriego,  quien asegura que México se encuentra en un momento importante “en el que está dejando de ofrecer al mundo sólo vanguardia histórica y arte moderno, sino que está ofreciendo también arte emergente a través de ferias internacionales y de iniciativas privadas, lo que está llevando a los jóvenes artistas al panorama internacional”.

Es importante destacar que si bien el arte contemporáneo mexicano ha consolidado su presencia en recintos mexicanos como el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el Museo Jumex, el Museo Tamayo, El Museo Amparo de Puebla, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, El Museo de Arte Carrillo Gil, El Laboratorio de Arte Alameda, la Sala de Arte Público Siqueiros, entre otros, el mejor síntoma para medir su importancia está en la intensa circulación de obras, artistas y agentes de la escena local que viajan a prácticamente cualquier parte del mundo para sumarse activamente a un circuito global cada vez más heterogéneo.

Al mismo tiempo la Ciudad de México se ha vuelto en las últimas dos décadas en un lugar atractivo para mantener un nutrido y permanente arribo de críticos, curadores y creadores que provienen de los principales centros culturales de Estados Unidos y Europa, pero también Asia y Medio Oriente.

Si bien en la primera década del siglo XXI era común escuchar dentro del circuito de arte contemporáneo la frase “la Ciudad de México está de moda”, para describir la constante circulación de artistas y agentes extranjeros en nuestro país, en la presente década dicha ecuación logró una complejidad más sostenible para el medio artístico local, ya que el arte mexicano pasó de ser una moda para convertirse en uno de los interlocutores centrales de cualquier bienal o feria de arte en el mundo.

El arte contemporáneo mexicano mantiene como personajes centrales a creadores que desde la década de los 90 empezaron a adquirir relevancia internacional como Gabriel Orozco (el artista mexicano más reconocido dentro y fuera del país) o Francis Alÿs (artista belga que vive y trabaja desde 1986 en la Ciudad de México), pero para fortuna de toda la escena local ya se puede decir que estos artistas son sólo la punta del iceberg de una larga lista de creadores y agentes culturales que tienen presencia activa en las grandes muestras internacionales, así como en las mayores ferias de arte.

Líderes en subasta, Toledo, Orozco y Alÿs

 Si bien se sabe que el mercado del arte es uno de los sectores financieros que mantienen una rentabilidad frente a otro tipo de bienes o mercancías, también es uno de los sectores más opacos y discrecionales en cuanto a su ventas o ingresos a través de venta directa de galerías o en el mercado secundario. En la pasada edición de la feria Zona Maco las ventas, según reportaron las propias galerías, fueron muy buenas, ya que lograron colocar en el mercado local e internacional entre el 30 y 70 por ciento de sus obras. Sin embargo, nadie ofreció información de ventas y los organizadores de la feria tampoco ofrecen ningún tipo de número más allá del total de visitantes, 41 mil personas.

Sólo la cima del mercado, el circuito internacional de subastas de arte, se puede conocer con puntualidad los precios que han alcanzado en dicho sector las obras de artistas mexicanos. 

Por volumen de facturación, Gabriel Orozco encabeza la lista de artistas mexicanos vivos en el reporte que da Artprice, ya que en 2014 sumó ventan en subastas por un millón 366 mil 540 dólares, seguido por Francisco Toledo, quien en el mismo año facturó un millón 110 mil 117 dólares. El tercer sitio lo ocupa Francis Alÿs, quien el año pasado vendió 722 mil 21 dólares a golpe de martillo.

 En los registros históricos, la obra más cara de un artista mexicano vivo que se haya vendido en subasta es la pintura Vaca roja (1975), de Francisco Toledo, que alcanzó un precio de 750 mil dólares en la subasta organizada por la casa Christie's de Nueva York, el 15 de noviembre de 2011.

El segundo lugar lo comparten las pinturas Roto Spinal (2005), de Gabriel Orozco; y El Soplón (1995), de Francis Alÿs, cuyo precios de martillo en Nueva York fue de 550 mil dólares en la casa Sotheby's, el 14 de noviembre de 2013; y en la casa Sotheby's, el 9 de noviembre de 2005, respectivamente.

Es importante recordar que se trata de artistas vivos que siguen activamente produciendo y exponiendo dentro y fuera del país. El récord histórico para un artista mexicano en subasta lo mantiene la pintura Raíces (1943), de Frida Kahlo, que se vendió en cinco millones de dólares el 24 de mayo de 2006 en la casa Sotheby's, de Nuea York, pero como ocurre con los artistas modernos, su presencia en el mercado es más focalizada y, por ejemplo, no ha facturado nada en subastas desde el 15 de noviembre de 2012, cuando la Casa Morton vendió en la Ciudad de México el dibujo Entrañas (1931) en dos mil 271 dólares.

La relevancia del arte mexicano también lo confirmó el pasado 25 de noviembre la casa Sotheby's, que decidió celebrar los 35 años de vender arte latinoamericano con una subasta que por primera vez estaba dedicada exclusivamente a artistas mexicanos contemporáneos.

Axel Stein, jefe del Departamento de Arte de América Latina de Sotheby's, señaló previo a la subasta que dedicarle una venta especial al arte contemporáneo mexicano les parecía que era no solo una necesidad, sino que les permitía establecer un mercado secundario exclusivo para las obras de artistas conocidos (Orozco y Alÿs) y otros menos conocidos por el público mundial. “Latinoamérica tiene mucho que aportar al discurso universal y su voz aún no se escucha con la debida fuerza”, asegura Stein.

La subasta  de arte contemporáneo mexicano ofreció 30 obras de artistas como Israel Meza Moreno, Dr. Lakra, Pedro Reyes, Jorge Méndez Blake, Gabriel de la Mora, Eduardo Terrazas hasta Gabriel Orozco, Francis Alÿs y Carlos Amorales, con precios de salida de entre cinco mil y 400 mil dólares.

Sotheby's vendió 18 obras y facturó en total 479 mil 375 dólares. La obra más cara fue 1.1.136. de la serie posibilidades de la estructura, subserie Cosmos y 1.1.136B. de la serie posibilidades de la estructura, subserie Cosmos de Eduardo Terrazas, vendida en 56 mil 250 dólares. Con el mismo precio se remató la pintura Sin título de Bosco Sodi, estimada entre 40 mil y 60 mil dólares. Las estrellas de la subasta, una obra de Gabriel Orozco y otra de Francis Alÿs, no fueron vendidas, aunque las dos piezas ofrecidas estaban muy por debajo de sus récord históricos.

 Artprice en su Reporte Anual del Mercado de Arte Contemporáneo 2014  enlista a los artistas vivos y muertos que encabezan su Top 500, de acuerdo a la facturación en subasta que obtuvieron del 1 de julio de 2013 al 3 de julio de 2014, el cual encabeza Jean-Michel Basquiat  con ventas por 184 millones 834 mil 54 dólares, seguido por Jeff Koons, quien facturó 131 millones 29 mil 878 dólares.

El mexicano Gabriel Orozco aparece en el número 130 de dicha lista, con ventas en subasta por un millón 813 mil 455 dólares. Para dimensionar el volumen de ventas de Orozco, se puede mencionar que está por encima de artistas como Robert Mapplethorpe (lugar 145), Giuseppe Penone (lugar 146), Franz West (lugar 151), Sarah Lucas (lugar 156), Matthew Barney (lugar 158), Sherrie Levine (lugar 165), Juan Muñoz (lugar 168), Peter Fischli & David Weiss (lugar 176), Félix González Torres (lugar 179), Barbara Kruger (lugar 187) y Thomas Ruff (lugar 199), por mencionar algunos de los más importantes.

En el lugar 208 aparece Francis Alÿs con una facturación en subastas de 858 mil 423 dólares. Su ubicación también adquiere relevancia si lo comparamos con Paul McCarthy (lugar 220), Guillermo Kuitca (lugar 226), Joseph Kosuth (lugar 229), Ugo Rondinone (lugar 239), Cildo Meireles (lugar 305), Olafur Eliasson (lugar 342), entre otras firmas importantes. 


Sin apoyo institucional

Resulta paradigmático el crecimiento del arte contemporáneo mexicano en las últimas dos décadas, si se toma como punto de partida el precario apoyo de las instituciones culturales mexicanas, ya sea a través del Instituto Nacional de Bellas Artes o el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que no sólo dejaron de comprar obra plástica desde 1978 hasta 2008, sino que además han dejado en manos de la iniciativa privada el patrocinio de las prácticas artísticas vinculadas a los creadores más jóvenes.

De forma sistemática los artistas mexicanos han tenido que emigrar durante varios lustros a Europa o Estados Unidos para desarrollar su producción artística y luego, ya con el aval internacional, volver al país para continuar con su producción. 

Esta ceguera institucional ha sido un fenómeno que claramente se puede vincular al régimen político del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que durante siete décadas apoyo discursos afines a su ideología nacionalista, la cual se tradujo primero en la llamada Escuela Mexicana de Pintura (encabezada por Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros) y luego se perpetúo con las subsecuentes generaciones de muralistas, hasta llegar a la llamada Generación de la Ruptura, que desde la pintura marcó un diálogo negativo con la pintura nacionalista, hasta llegar a finales del siglo XX con el movimiento neomexicanista que nuevamente llevó el tema identitario al discurso visual.

Durante casi un siglo todos los artistas mexicanos que entablaron un diálogo más conceptual con todas las vanguardias clásicas que marcaron el siglo XX se mantuvieron recluidas en Salones Independientes, en colectivos artísticos y, ya en los 80 y 90, en los llamados Espacios independientes, hasta que con el cambio del milenio se dio una revaloración de todas estas prácticas que apuntalaron la actual escena de arte contemporáneo que define el arte mexicano en la actualidad.

 Si bien los artistas contemporáneos mexicanos han adquirido una presencia central dentro de museos y galerías en México, la promoción del arte mexicano que el INBA y el Conaculta realiza en el extranjero se mantiene con una anacrónica inercia de llevar exposiciones dedicadas a Frida Kahlo y Diego Rivera, o a revisiones del arte prehispánico, lo cual le asegura a los políticos mexicanos que tendrán masivas entradas en casi cualquier parte del mundo, además de que tendrán la oportunidad de tomarse fotografías con estrellas de cine que luego difundirán a través de sus oficinas de prensa. 

Pero el problema mayor de este tipo de políticas es que las colecciones dentro de las instituciones de arte mexicano han creado un enorme vacío al perder las piezas emblemáticas de sus principales creadores. En 2010 el Conaculta anunció un presupuesto de 100 millones de pesos para que todos los museos subsidiados por el gobierno adquirieran dos mil 304 obras de arte moderno y contemporáneo para cubrir los grandes faltantes dentro de su colección.

En aquella compra el recinto más beneficiado fue el Museo Nacional de Arte, que adquirió mil 576 obras, entre ellas piezas de Saturnino Herrán, Frida Kahlo, Diego Rivera, Best Maugard y Lola Cueto, entre otras. El Museo de Arte Moderno amplió su acervo con piezas de Frida Kahlo, Diego Rivera, Germán Cueto, Pablo O´Higgins,  Luis Arenal, Gunter Gerzso, Pedro Friedeberg, Teresa Margolles, Pablo Vargas Lugo, Gabriel Orozco y Francis Alÿs, entre otros.

El Museo Tamayo sumó piezas de Teresa Margolles, Carlos Amorales, Gabriel Orozco, Pedro Reyes y Simon Starling; mientras que al Museo de Arte Carrillo Gil llegaron piezas de Enrique Guzmán y Enrique Echeverría.

Pero este presupuesto fue flor de un día, vinculado a la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y al Centenario de la Revolución Mexicana, porque al año siguiente el presupuesto se redujo a 20 millones y ha seguido decreciendo en los años subsecuentes, además de que el INBA hasta la fecha no ha reportado qué ha comprado y a cuáles museos se ha destinado dicha obra.

El boom del arte contemporáneo ha sido aprovechado por la iniciativa privada, que a través de colecciones de artistas nacionales y extranjeros han apuntalado fundaciones que hoy en día son los referente indispensables si se quiere tener acceso al arte que refleja nuestra actualidad. 

El ejemplo que desde hace tres lustros ha dado Eugenio López  con la Fundación/Colección Jumex (hoy Museo Jumex), ha tenido réplicas importantes como la Colección Isabel y Agustín Coppel, la Fundación Alumnos47 y el Museo Amparo, por mencionar a los más importantes, que han acompañado su labor de coleccionismo con programas educativos y de exhibición que han capitalizado la vitalidad y creciente desarrollo del arte contemporáneo en nuestro país.  

Mientras el estado mexicano voltea para otro lado e ignora a los artistas mexicanos contemporáneos, la iniciativa privada ha creado un conjunto de colecciones donde convive de forma natural obras hechas en México que se han insertado entre lo más selecto del mainstream global.


 

Las obras mexicanas más caras…

De los tres principales artistas contemporáneos según su venta en subastas internacionales.

1. Vaca roja (1975), Francisco Toledo

750 mil dólares

15/11/2011. Christie’s de Nueva York.

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2. Roto Spinal (2005), Gabriel Orozco

550 mil dólares

14/11/2013. Sotheby’s de Nueva York.

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3. El Soplón (1995), Francis Alÿs

550 mil dólares

9/11/2005. Sotheby’s de Nueva York.

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4. Sin título (1966), Francisco Toledo

500 mil dólares

24/11/2005. Sotheby’s de Nueva York.

 

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5. Gatos con pesadilla (1975), Francisco Toledo

500 mil dólares

19/11/2012. Sotheby’s de Nueva York.

 

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6. Study for the last Clown (2000), Francis Alÿs

476 mil dólares

20/06/2010. Christie’s de Londres.

 

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7. Naturaleza recuperada (1990), Gabriel Orozco

509 mil dólares

23/05/2013. Phillips de Nueva York.

 

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8. Samurai Tree (Invariant Gold 2) (2005), Gabriel Orozco

420 mil dólares

13/05/2010. Sotheby’s de Nueva York.

 

 

9. Untitled (c.1994/95), Francis Alÿs

365 mil dólares

15/05/2014. Sotheby’s de Nueva York.

 

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