José Gómez Sicre, el inventor de Cuevas

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ



AUSTIN, Texas.
“Derrama toda tu bilis en el artículo. Yo lo publicaré bajo mi firma. Escríbeme. Escríbeme. ¡Rompe esta carta!”, así instruía José Luis Cuevas (Ciudad de México, 1931), en una misiva manuscrita enviada el 14 de diciembre de 1962, al abogado y crítico de arte cubano José Gómez Sicre (1916-1991) para que redactara una de las casi cien cartas, textos y entrevistas que durante dos décadas mecanografió, desde Washington, para que fueran publicadas bajo la firma del artista mexicano dentro y fuera del país.

Gómez Sicre, de quien hoy se cumple el centenario de su natalicio, fungió como el “ghostwriter de cabecera” de Cuevas durante los años 50 y 60, pero sobre todo fue un eficaz ideólogo que aprovechó la ambición de un joven y entonces desconocido dibujante mexicano para utilizarlo como caballo de Troya y combatir, en plena Guerra Fría, el discurso nacionalista de la Escuela Mexicana de Pintura.

Con los centenares de cartas y documentos que conforman el acervo “José Gómez Sicre Papers, 1916-1991”, que se resguarda en la Benson Latin American Collection, de la Biblioteca de la Universidad de Texas, en Austin, se puede documentar con solvencia que Cuevas generó una total dependencia hacia los textos de Pepe, como le llamaban sus amigos, ya que carta tras carta le pedía no sólo que le escribiera artículos de opinión que enviaba a personajes como Fernando Benítez, sino que también le redactó cartas para contestar al museógrafo Fernando Gamboa o a la crítica de arte Raquel Tibol, sin mencionar que Gómez Sicre le hacía los prólogos y textos de todos sus libros de dicha época. Incluso Cuevas le pidió en una ocasión que le escribiera a una de sus exnovias para “terminar con ella”.

Eran tan recurrentes los textos de Gómez Sicre que Cuevas publicaba bajo su nombre, que el pintor se autocensuraba para escribir, para no “traicionar el estilo”.

“Me acaban de entregar el siguiente cuestionario para una entrevista de periódico. (…) Como tengo que entregarla no me he (sic) atrevo a hacerla para no ‘traicionar el estilo’. ¿Podrías ayudarme en esto? Ni siquiera tengo que decirte lo que hay que contestar, pues somos dos mentes en común. Sé todo lo agresivo que quieras, yo soy igual”, escribió Cuevas el 17 de diciembre de 1963 en carta dirigida a Pepe.

Gómez Sicre impulsó con sus textos e influencia la carrera de Cuevas a escala internacional, ya que desde 1954 lo llevó a exponer a Washington, donde vendió todas sus obras (dos dibujos los compró Alfred H. Barr para la colección del MoMA de Nueva York).

Así el cubano aprovechó a Cuevas para llevar al medio artístico local el discurso que promovía los intereses de EU, a través de una infiltración que alentaba la despolitización de sus artistas, bajo la premisa de que lo trascendental era su libertad de expresión.




“MI GHOST WRITER DE CABECERA”


José Gómez Sicre fue director de Artes Visuales de la Unión Panamericana, que después conformaría la Organización de los Estados Americanos (OEA), en Washington, donde también fundó el Museo de Arte de las Américas. Desde su posición de influencia continental se convirtió en un activo promotor en Latinoamérica de los artistas que se acoplaban a las tendencias imperantes en Estados Unidos, lo cual iba en detrimento de los discursos nacionales, como el muralismo mexicano.

Bajo su nombre, Gómez Sicre también escribió numerosos textos promoviendo la obra de un dibujante mexicano. En un texto titulado El caso Cuevas, asegura que “José Luis Cuevas ha tenido la virtud de sobrevivir en su propio país y vencer a la corriente semi-oficial que parecía detener el arte en México. Fuera de su país ha logrado ser admirado hasta por los que siguen caminos distintos al suyo, sin él ceder un ápice en su criterio, a veces implacable.

“Cuando surge Cuevas en el mundo del arte, en México había un solo criterio y una sola dirección a seguir. No adaptarse era languidecer marginado, o vivir bajo el ataque de los que seguían aquella dirección, el realismo social, al que no se le permitía evolucionar. Encubrían en muchos casos sus deficiencias protegidos por la coraza de un nacionalismo a ultranza o por una bandera política de procedimientos compulsivos.”

No es casualidad que estos mismos principios sean los que una y otra vez se repitieron en los textos firmados por Cuevas que Gómez Sicre redactaba, los cuales a la postre se publicaron como libros. Tal es el caso de Cuevas por Cuevas(Ediciones Era, 1965), donde no sólo se reproduce su multicitada Cortina de Nopal, sino que se incluyen otros textos cuyas copias con papel carboncillo se encuentran en el acervo “José Gómez Sicre Papers, 1916-1991”.

Concretamente se puede citar un texto que Pepe mecanografió y en cuya copia en hojas rosas después puso el título manuscrito Ándele, marchantita, sandías a 7000 dollares, el cual se reproduce íntegramente como el capítulo IV de las Notas autobiográficas que se compilan en el libro Cuevas por Cuevas, el cual fue editado y diseñado por Vicente Rojo, con prólogo de Juan García Ponce.

“Abrirse paso en el arte en México es, para un joven, sucesión escalonada de desaires, titubeos, reprimendas, decepciones, frente a los que lo preceden. Es la esterilidad más negativa y demoledora frente a los que se admira o se pretende seguir. Al joven se le exige sumisión y silencio, devoción incondicional o incorporación a algún partido”, se lee en el mecanoescrito de Gómez Sicre que Cuevas publicó como un texto autobiográfico.

Si bien la relación entre Cuevas y Gómez Sicre tuvo momentos de mayor cercanía o alejamiento (en varias cartas el artista mexicano prácticamente tenía que rogar para que le escribiera otro texto), la estrategia benefició a ambos por igual, ya que por un lado Cuevas rápidamente adquirió visibilidad, gracias a sus textos polémicos, y Gómez Sicre pudo atacar de manera frontal a los muralistas mexicanos, concretamente a David Alfaro Siqueiros, quien además era de izquierda y se vinculaba al bloque comunista.

Tal fue el éxito de los textos de Gómez Sicre firmados por Cuevas que el propio Fernando Benítez invitó al dibujante mexicano a publicar una columna mensual, como lo relata el propio artista en una carta del jueves 18 de diciembre de 1958: “(ROMPE ESTA CARTA) Ayer hablé con Benítez y me pidió colaborar mensualmente en su periódico. Esto es peligroso, pues de escribir yo algo se advertiría mi dualidad de estilos. Me pagarían algo (es decir, a ti). Me dijo que sería interesante un primer artículo sobre mis experiencias de viaje (…) Dice que admira ‘mi’ hondo sentido del humor y que le gustaría lo conservara en todos mis escritos. Como segundo artículo podría enviar la carta a Fernando Gamboa que ilustraría con dibujos. ¿Podrías enviármelo?”

En esta carta se refleja no sólo el impacto que tenían los textos escritos por Gómez Sicre, sino que además muestran cómo el crítico de arte cubano podía, de forma natural, imponen su agenda política.

La Carta a Fernando Gamboa es un texto fechado el 6 de septiembre de 1958, cuya copia mecanográfica se encuentra en el acervo “José Gómez Sicre Papers, 1916-1991”, el cual trata de justificar la negativa de Cuevas a realizar un par de murales en el Centro Médico.

En la misiva se critica nuevamente al muralismo mexicano: “No quiero parecer petulante, mi querido don Fernando, pero mi oportuna ausencia de México me ha hecho meditar mucho sobre el triste presente y el oscuro destino de provinciana desintegración de nuestro arte llamado nacional, lánguido, tedioso, constreñido, parroquial y supuestamente utilitario, mientras pretende servir al pueblo ‘mensajes educativos’. Esos mensajes, es desdichado tenerlo que aceptar, no sirven, ni han servido ni creo que servirán jamás”.

Si bien en aquellos años no se sabía que Gómez Sicre escribía todos sus textos críticos, lo cual se hizo público tras la muerte del crítico de arte cubano y la donación de su archivo personal a la Benson Latin American Collection, en la década de los 60 era más que evidente la operación de Gómez Sicre en México y Latinoamérica.

En una carta manuscrita que solamente tiene como fecha “Domingo”, Cuevas relata a Gómez Sicre la disputa que mantiene con personajes como Olga, la esposa de Rufino Tamayo, y el crítico Alfonso de Neuvillate:

“Ayer hablé contigo por teléfono y me referí largamente a la traición de esa rata blanca de Olga. Hoy domingo el amigo y cómplice de la miserable tortillera, Alfonso de Neuvillate, escribe: ‘Gómez Sicre sirvió, con sus ideas y sus enseñanzas, para que dibujantes menores pudieran pasar en el mundo del arte como seres inteligentes y no como publicistas, o lo que es peor, traidores no sólo a la causa estética, sino a la nacionalidad’. Hace una semana este mismo cretino había dicho que tu habías sido el consejero de mis temas y que al perder tu rectoría mi obra había muerto por inanición.”

En la misma carta Cuevas explica que a “(Fernando) Gamboa lo acusan de extranjerizante y de recibir tus órdenes. Dicen que es agente de la CIA y que su oficina es una prolongación de la tuya”.

Uno de los documentos más interesantes que buscaban criticar la mancuerna Cuevas-Gómez Sicre lo generó el artista mexicano Alberto Beltrán, quien publicó el 27 de marzo de 1960 un cartón en el suplemento Diorama de la Cultura, de Excélsior, como ilustración de La estética viciosa del abstraccionismo, texto de Sergei Mozhniagun.

En la imagen, Gómez Sicre es representado como una obesa Estatua de la Libertad que guía a un Cuevas que semeja un reptil que trepa por encima del edificio del Congreso de Estados Unidos. Debajo del manto de Gómez Sicre aparece un personaje parecido al escritor Carlos Fuentes, quien también se vinculaba con el grupo de influencia al que pertenecía Cuevas.

Pero estos ataques, más allá de dar fin a la estrategia empleada por ambos, generaba que una y otra vez Cuevas pidiera textos a Gómez Sicre para responder a sus enemigos, que de forma un tanto paranoica eran al mismo tiempo sus aliados, dependiendo de si servían o no a sus intereses.

En este ir y venir entre alianzas y conflictos, que también generaban acaloradas peleas epistolares entre Cuevas y Pepe, personajes como Juan García Ponce, Rufino Tamayo, Manuel Felguérez, Alberto Gironella, Francisco Icaza, Pedro Coronel e Inés Amor, entre un largo etcétera, eran blanco lo mismo de elogios que de insultos en las cartas donde se solicitaba escribir algún artículo.

Aun cuando Gómez Sicre casi siempre operó desde Washington y Cuevas desde la Ciudad de México, el pintor encontró la manera de atrasar las entregas para que el texto pudiera llegar de EU y luego reenviarlo. Pero en el camino, Cuevas se arriesgó varias veces a ser descubierto, ya que para acortar tiempos mandaba cartas en blanco con su firma para que Gómez Sicre las redactara a máquina y las enviara desde Estados Unidos.

Así lo documenta la carta del periódico británico The Times, fechada el 7 de marzo de 1969, que reenvió Cuevas a Gómez Sicre con una nota manuscrita pidiéndole que responda desde Washington para ganar tiempo.

“Pepe: Me han pedido este artículo sobre arte mexicano. Es breve. Ojalá puedas hacerlo, pues tendrá magnífica circulación. Te agradecería que antes que nada contestaras (adjunto hoja con firma) aceptando o... no. En caso de aceptar se puede mandar desde Washington para ganar tiempo y decir que me encuentro de paso por esa ciudad”.

Cuevas necesitaba tanto de Gómez Sicre, que le pedía que escribiera textos para libros en los que el crítico de arte cubano también se le habían pedido un escrito bajo su nombre. Así ocurrió en 1979 con el libro de fotografía Revelando a José Luis Cuevas, de Daisy Ascher, donde uno de los tres prólogos estaba comisionado a Gómez Sicre (el cual no se publicó finalmente), pero además Cuevas le pidió que hiciera los textos introductorios de cada uno de los temas que desarrolló la fotógrafa.

En una carta sin fecha, Cuevas le pide a Gómez Sicre: “Querido Pepe: Para el libro de fotografía de Daisy Ascher, que ya está a punto de salir en México y para el que a ti también se te ha pedido un breve texto, requiero escribir breves introducciones para cada uno de los temas que se desarrollan fotográficamente. Son algo así como viñetas literarias, brevísimas, de media cuartilla cada una, en la que debo dar mi personalísimo opinión sobre los siguientes tópicos: Las mujeres, la enfermedad, la carne, la prostitución, la muerte, el desnudo”.

Con cierto humor involuntario en la misma carta el artista mexicano asegura: “Yo podría escribirlo, pues, como sabes, la literatura también es mi oficio... pero estoy agobiado de trabajo y y por eso me veo obligado a recurrir a mi ghost writer de cabecera con la esperanza de que en una sentada me escriba estas minucias sobre temas tan trascendentes. Es trabajo urgente, eso sí. En el libro aparecerás conmigo viendo con glotonería los pasteles que descubrimos en la pastelería de la calle 16 de Septiembre en México.”

Al leer el grueso de las cartas de Cuevas, en ninguna aparecen referencias a las implicaciones políticas que estaba teniendo al ser usado por Gómez Sicre para combartir bajo su firma un arte político y nacionalista.

En todas las misivas Cuevas insiste en pedirle textos que le sirvan para autopromoverse, lo cual no sólo marcó su relación con Gómez Sicre, sino también una de sus acciones más famosas: El mural efímero, que Cuevas describe en una carta del 10 de junio de 1967 como un escándalo publicitario.

“Acabo de provocar el más grande escándalo publicitario. Te enterarás por los recortes que te adjunto. Pinté un mural de 10 mts por 8 mts en un sitio destinado a poner anuncios comerciales. Logré reunir 5000 gentes en plena calle, en la colonia Juárez (frente al restaurante donde comimos). Intervinieron bomberos, (ilegible), policías. Se me han hecho reportajes para LIFE, Look, etc. El mural me salió bastante bonito. La televisión sólo habla de mí. Dicen que desde Diego Rivera no se había provocado una cosa igual”.

Esa exposición mediática fue la que siempre sedujo a Cuevas. En otra carta del 6 de octubre de 1965 comenta complacido a Gómez Sicre: “Por aquí la publicidad, como bola de nieve, crece, crece. Yo no la busco: me la hacen. Ya hasta cuando salgo a la calle me piden el autógrafo o me llama la gente por mi nombre. Ni Rivera...”.



Gómez Sicre, The Inventor of Cuevas


"Pour out all your bile in the article. I will publish under my name. Write for me. Write for me. Break this letter!", José Luis Cuevas (Mexico City, 1931) insists in a handwritten letter addressed December 14, 1962, to Cuban lawyer and art critic José Gómez Sicre (1916-1991). In the letter, Cuevas asks the critic to draft one of nearly a hundred letters, texts and interviews he will produce from Washington to be published over the course of two decades under the Mexican artist’s name, inside and outside the country.

Gómez Sicre, who on July 6th of this year celebrated the centenary of his birth, served as the "bedside ghostwriter" to Cuevas during the 1950s and 60s. Above all else, he was an effective ideologue who used the ambition of a young, then unknown, Mexican artist as his own Trojan horse from which to combat the nationalist discourse of the Escuela Mexicana de Pintura during the Cold War.

Within the hundreds of letters and documents that make up the José Gómez Sicre Papers, 1916-1991, held at the Benson Latin American Collection, part of University of Texas, Austin’s extensive library system, it is made abundantly clear that Cuevas was entirely dependent on the writing of Pepe, as his friends called him. This is evidenced by letter after letter in which Cuevas asks Gómez Sicre not only to draft opinion pieces, which he sent to prominent figures in the Mexican art world such as Fernando Benitez, but also to write him response letters to museographer Fernando Gamboa or to art critic Raquel Tibol; this aside from the fact that Gómez Sicre was responsible for the forewords and texts in every book the artist published throughout the twenty-year period. Cuevas once even asked the critic to write to one of his ex-girlfriends to "end it."

Cuevas’ publishing of texts by Gómez Sicre’s under his own name became so frequent that the painter would censor his own writing, so as not to "betray the style."

"I have just been delivered the following questionnaire for a newspaper interview. (...) As I have to deliver it (sic) I do not dare fill it out so as not to 'betray the style'. Could you help me with this? I feel no need to tell you what to answer, because we are two minds in common. I know all of the aggression you want to express, and I feel the same," Cuevas writes on December 17, 1963 in a letter to Pepe.

Gómez Sicre, through his writing and his influence, was responsible for the international attention given to Cuevas’ career. In 1954 he brought Cuevas to show in Washington, where he sold all of his works (two of which were bought by Alfred H. Barr for MoMA’s collection in New York.)

In this way the Cuban critic took advantage of Cuevas as a means of solidifying US interests within a local Mexican art scene through an infiltration that encouraged depoliticizing artists under the premise that transcendental artistic practices represented the greatest freedom of expression.

"MY BEDSIDE GHOST WRITER"

José Gómez Sicre was director of Visual Arts for the Pan American Union, which would later become the Organization of American States (OAS) in Washington and found the Art Museum of the Americas. From his position of continental influence he became an active promoter of Latin American artists whose work complied with the prevailing trends in the United States, to the detriment of national discourses, such as that of Mexican muralism.

Under his name, Gómez Sicre also wrote numerous texts promoting the work of one particular Mexican artist. In a piece entitled, The Case of Cuevas, Gómez Sicre assures that “José Luis Cuevas has had the virtue to survive in his own country and overcome the current of semi-official art that seemed to have hindered all art in Mexico. Outside of his country he has managed to be admired even by those who follow dissimilar paths without giving an inch in his criteria, at times unrelenting.

"When Cuevas emerged in the art world, in Mexico there was only one criterion and one direction to be followed. Not to adapt was to languish in marginalization, or live under the attack of those who followed that direction, social realism, from which no one was allowed to evolve. In many cases artist’s deficiencies were concealed by a shield of staunch nationalism or by a political banner of compulsory procedures."

It is no coincidence that these same principles appear time and time again in the texts signed by Cuevas, which Gómez Sicre wrote, and which eventually were published as books. This is the case in Cuevas for Cuevas (Ediciones Era, 1965), which not only features Cuevas’ widely cited Cactus Curtain, but also includes other texts, copies of which can be found on carbon paper in the archive, José Gómez Sicre Papers, 1916- 1991.

One specific reference is the text engineered by Pepe whose copy on pink sheets was later given the manuscript title Ándele, Marchantita, Watemelon for 7,000 dollars. This piece was reproduced as chapter IV of the Autobiographical Notes featured in Cuevas for Cuevas, which was edited and designed by Vicente Rojo, with a foreword by Juan García Ponce.

"Breaking into the art world in Mexico is, for a young artist, a succession of rebuffs, hesitations, reprimands, and disappointments, in the face of those that proceed him. It involves the most negative and devastating asepticism from those one admires or pretends to follow. The young artist is required to submit and be silent, to show his unconditional devotion or to join a political party,” reads Gómez Sicre’s manuscript thatCuevas published as an autobiographical text.





While the relationship between Cuevas and Gómez Sicre fluctuated between moments of closeness and distance (in several letters the Mexican artist practically had to beg Gómez Sicre to write him yet another text), the strategy benefited both equally, as Cuevas acquired rapid visibility, thanks to his controversial texts, and Gómez Sicre could attack Mexican muralists head on; specifically David Alfaro Siqueiros, a left wing artist linked to the communist bloc.

Such was the success of Gómez Sicre’s writing signed by Cuevas that Fernando Benitez invited the Mexican artist to publish a monthly column, as told by the artist himself in a letter that dates Thursday December 18, 1958: "(BREAK THIS LETTER) Yesterday I spoke withBenitez and he asked me to collaborate monthly in his newspaper. This is dangerous, because of my duality of writing styles. I would be paid something (that is, you would). He said it would be interesting to do a first article about my travel experiences (...) He says he admires 'my' deep sense of humor and would like it to come through in all my writings. As a second article I could send the letter to Fernando Gamboaillustrated with drawings. Could you send it to me?"

This letter reflects not only the impact of Gómez Sicre’s texts, but also shows how the Cuban art critic could effortlessly impose his political agenda.

The Letter to Fernando Gamboa is dated September 6, 1958; the typewritten copy is in the collection José Gómez Sicre Papers, 1916-1991. In it, Cuevas seeks to justify his refusal to paint several murals at the Medical Center.

In the letter he criticizes the Mexican muralists once again: "I do not want to seem flippant, my dear Don Fernando, but my timely absence from Mexico has made me think a lot about the sad present and the dark fate of the provincial disintegration of our so-called national art, languid, tedious, restrained, parochial and supposedly utilitarian, while pretending to offer the people 'educational messages'. These messages, it is unfortunate to have to accept, do not serve, they have not served nor do I think they ever will. "

While it was not known in those years that Gómez Sicre wrote all of Cuevas’ critical texts –the information became public after the Cuban art critic’s death following the donation of his personal archive to the Benson Latin American Collection– in the 1960s Gómez Sicre’s operative role in Mexico and Latin America was obvious.

In a handwritten letter whose only date is "Sunday,” Cuevas relays to Gómez Sicre the dispute he then maintained with characters like Olga, the wife of Rufino Tamayo, and the critic Alfonso Neuvillate:

"Yesterday I spoke with you on the phone and I referred at length to the betrayal of the white rat Olga. Today, Sunday, the friend and accomplice of the miserable ‘tortillera’ (lesbian), Alfonso de Neuvillate, writes: 'Gómez Sicre, with his ideas and his teachings, has served to allow lesser cartoonists to pass in the art world for intelligent beings instead of as publicists, or worse, as traitors not only in their aesthetic cause, but to our nation.’ A week ago this same cretin said that you had been the advisor to my work and that in losing your rectory my work had starved to death."

In the same letter Cuevas explains, "They accused (Fernando) Gamboa of looking abroad and receiving your orders. They say he is a CIA agent and that his office is an extension of yours."

One of the most interesting documents that sought to criticize the weight of the Cuevas-Gómez Sicre alliance was drafted by Mexican artist Alberto Beltran, who published on March 27, 1960 a carton in a supplement of the Excélsior newspaper, Diorama of Culture, which was an illustration of the text The Vicious Aesthetics of Abstractionism, by Sergei Mozhniagun.

In the image Gómez Sicre is depicted as an obese Statue of Liberty that leads Cuevas, who resembles a reptile, as he scales the surface of a US congressional building. Under Gómez Sicre’s cloak there is another character resembling the writer Carlos Fuentes, who, alongsideCuevas, was also was linked to the influential group associated with Gómez Sicre.

But these attacks, instead of putting an end to the strategy imposed by the writer-critic duo, prompted Cuevas to ask again and again forGómez Sicre to answer his enemies, who in a somewhat paranoid stance were at the same time his allies, depending on whether or not they served his interests.

In this back and forth between alliances and conflicts, which generated heated epistolary battles between Cuevas and Pepe, characters likeJuan Garcia Ponce, Rufino Tamayo, Manuel Felguérez, Alberto Gironella, Francisco Icaza, Pedro Coronel and Inés Amor, among many others, were target equally with praise as with insults in Cuevas’s letters to solicit writing from Gómez Sicre.

Although Gómez Sicre almost always operated from Washington and Cuevas from Mexico City, the painter found a way to delay his deadlines so that the texts could arrive from the US. However, along the way Cuevas risked being discovered several times, as the artist would, in an effort to save time, send blank letters with his signature to Gómez Sicre for the critic to type up and send directly from United States.

This is documented in a letter from the British newspaper The Times, dated March 7, 1969, which Cuevas forwarded to Gomez Sicre with a handwritten note asking him to respond from Washington to save time.

"Pepe: I have been asked for this article on Mexican art. It is short. I hope you will do it, as it will have great exposure. I would appreciate it if you would first answer (I have attached a signed piece of paper) accepting or...not. If you do accept the article can be sent from Washington to gain time, and say that I am passing through the city. "

Cuevas was so dependent on Gómez Sicre that he would solicit writing under his name for books in which the Cuban art critic had also been asked to participate. This happened in 1979 with the book of photography Revealing José Luis Cuevas, by Daisy Ascher. Gómez Sicre had been commissioned for one of the book’s three introductory texts (which was not finally published), but Cuevas also asked him to do the introductory texts for each of the themes developed by the artist in the photography.

In an undated letter, Cuevas asks Gómez Sicre, "My Dear Pepe: For the book of photography by Daisy Ascher, which is about to be published in Mexico, and for which you were also asked to contribute a short text, I am required to write short introductions to each of the themes developed photographically. They are something like literary vignettes, very brief, half a page each, in which I must give my very personal opinion on the following topics: Women, disease, meat, prostitution, death, nudity."

With some unintentional humor in the same letter the Mexican artist says, "I could write it, because, as you know, literature is my job ... but I'm overwhelmed with work and so am forced to resort to my bedside ghost writer in the hopes that in one sitting you will write these trifles on such important issues. It is urgent work, yes. In the book you appear with me looking greedily on at cakes we found in a bakery on the street 16 de Septiembre in Mexico."

When reading the bulk of the letters written by Cuevas, there are no references to the political implications of Gómez Sicre’s strategic use ofCueva’s figure as a means to combat political and nationalist art.

In all the missives Cuevas insists on asking for texts that will serve his self-promotion, which not only marked his relationship with Gomez Sicre, but also one of his most famous actions: The Ephemeral Mural, which Cuevas describes in a letter dated June 10, 1967 as a scandalous publicity stunt.

"I just provoked the biggest publicity scandal. You'll learn about it in the clippings I have attached. I painted a 10-meter by 8-meter mural on a site designated for advertisements. I managed to gather 5000 people in the street, in Colonia Juarez (opposite the restaurant where we ate). Firefighters intervened, (illegible), police. I have made stories in LIFE, Look, etc. The mural came out pretty nice. On the TV they are only talking about me. They say that since Diego Rivera no one has provoked anything quite like this."

Cuevas was always seduced by Media exposure. In another letter dated October 6, 1965 Cuevas writes to Gómez Sicre pleased: "Here publicity, like a snowball, grows and grows. I do not look for it: they do it for me. Now every time I go out in the streets they asked me for my autograph or they call me by my name. Not even Rivera ... "


Translated by Nika Chilewich
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