Entrevista con Nadine Gordimer. Se nutre de pasiones humanas

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ



Quien platica con la escritora sudafricana Nadine Gordimer corre el riesgo de convertirse con el tiempo en un personaje de sus novelas.

Sus pequeños y oscuros ojos han registrado, durante 8 décadas, gestos, movimientos, posturas y reacciones de la gente que conoce para explorar las pasiones del ser humano y poder nutrir las historias de vida que deja impresas en el papel.

Gordimer sólo escribe por las mañanas para dedicar el resto del día a observar a la gente con esmero. Por las noches vuelve a sus escritos y los relee como un lector más, sin importar que hayan salido de su pluma.

Observar con atención es lo que más disfruta la novelista y, asegura, es el único secreto que puede explicar que su obra literaria haya sido galardonada en 1991 con el Premio Nobel de Literatura.

"En realidad el Premio Nobel no implica ningún secreto. Lo que puedo decir es que no te lo entregan por tus acciones políticas", indica en entrevista la escritora, quien está de visita en México para participar en el 69 Congreso Mundial de Escritores del PEN Club Internacional.

"Un cantante debe nacer con unas cuerdas vocales adecuadas para cantar, yo sólo puedo cantar en el baño, y para un escritor es lo mismo. Se debe nacer con el temple y la sensibilidad necesaria para ir al fondo de las motivaciones humanas", expresa.

El único consejo que Gordimer da a los jóvenes escritores que le preguntan sobre su método literario es que sean verdaderamente observadores.

"Tienen que ver y leer a la gente. Cuando termine la entrevista lo que voy a hacer es pensar si tomo alguno de sus rasgos o de sus modos para inventarle una vida y convertirlo en uno de mis personajes. Me gusta tomar su lugar e inventarme una vida. Saber cómo se sintió, si estuvo aburrido o si realmente le interesó lo que estamos platicando. Los escritores somos buenos psicólogos", explica la autora de libros como El conservador, La hija de Burger y Un invitado de honor.

Gordimer concibe a la literatura como una exploración.

"Es como cuando alguien viaja a un país extranjero y conoce nuevas cosas. Igual ocurre con los libros que nos ayudan a explorar nuevas realidades. Las novelas ocupan ese espacio que existe entre lo que conocemos y lo que vamos a conocer. Ese brecha intermedia es lo que nutre la imaginación literaria".

Con una vida política activa -fue oradora el mes pasado en la gala para recaudar fondos para la lucha contra el Sida en Berlín-, Gordimer se ha interesado por apoyar movimientos y causas sociales que afectan a su natal Sudáfrica.

Mientras el Partido Nacional impuso el apartheid en Sudáfrica, a partir de 1948, la escritora retomó la realidad social de su país y convirtió en protagonistas a las víctimas negras y blancas de la política de segregación racial que practicaron los mandatarios hasta 1994, cuando el Congreso Nacional Africano abolió el régimen con Nelson Mandela a la cabeza.

Pero aun cuando Gordimer participó en el movimiento social, se negó a ocupar un cargo político con el cambio de gobierno.

"Como escritores sólo podemos combatir por las causas en que creemos diciendo la verdad y explorando a nuestros personajes con todas las pasiones del ser humano. Siempre es importante decir la verdad sin maniqueísmos, porque no puedes asegurar que nadie sea ángel o demonio. La verdadera lealtad hacia tu país no es decir que todo está bien, eso es algo imposible en cualquier régimen, sino ser honesto y denunciar cuando algo está mal o reconocer que tus compatriotas están haciendo bien su trabajo".

El Premio Nobel de Literatura le dio poder a Gordimer para darle resonancia a las causas sociales que le interesan. Actualmente trabaja en la edición del libro Contando cuentos, que saldrá el próximo año con historias de amigos como Arthur Miller, Woody Allen o José Saramago, cuyas ganancias serán destinadas a apoyar la lucha contra el Sida en África.

"Yo siempre había sido una persona muy reservada y el premio terminó con mi privacidad. Eso me puso muy triste, pero aprendí a controlar y a decir 'gracias, no' a aquellas invitaciones que verdaderamente no me interesaban. Pero el Nobel también me dio la posibilidad de tener la fuerza para impulsar las causas en las que creo", dice la escritora cuya obra se ha traducido a 20 idiomas alrededor del mundo.

Gordimer, quien nació en Springs, cerca de Johannesburgo, en 1923, asegura que existen grandes similitudes entre Sudáfrica y México.

"Existen las mismas plantas, la altitud entre la Ciudad de México y Johannesburgo es la misma, en ambos casos hay problemas de pobreza, existe una gran brecha entre el campo y la ciudad y somos dos pueblos que padecieron la opresión colonial.

"Me complace que actualmente haya relación a nivel de gobierno entre nuestros países, porque Sudáfrica siempre había visto hacia el norte y ahora vemos hacia otros lados. Los países del sur debemos estar unidos para hacer una contraparte a todo el poder que tienen Europa y Estados Unidos. Me gusta que luego de 68 años el PEN Internacional haya hecho su congreso en México y no en Amsterdam o en Londres, como siempre había ocurrido".

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