Entrevista con Teresa Margolles 2012

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ







Una gruesa línea rectangular de tierra compactada cruza de pared a pared la sala 9 del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC). En sus entrañas los escombros, la tierra y el polvo guardan, cual tumba, las promesas de bienestar y felicidad que alguna vez tuvieron los habitantes de una casa al sur-oriente de Ciudad Juárez, Chihuahua, quienes la abandonaron para huir de las extorsiones del crimen organizado, sin mencionar que también fue escenario de un “evento” violento.

La promesa, obra de Teresa Margolles que se desarrollará a través de un performance diario, durante tres meses, es la pieza que el MUAC comisionó a la artista sinaloense, la cual parte de un cuestionamiento: “¿Cómo le puedes decir a un joven que crea en un país, en una ciudad, en una familia, en un amigo, si su casa está destruida, si en su puerta encontró un cuerpo muerto, si mataron hasta el perro del vecino, si en todos lados le hacen creer que es basura?

“Con esta pregunta empecé a hacer la pieza, ¿cómo explicarle a la gente que tiene que creer en un país, cuando todo alrededor te está dando elementos para que no lo hagas?”, explica la artista, minutos antes de que el primer performance de La promesa se realizara el mediodía del sábado pasado, cuando la pieza se abrió al público sin que hubiera una inauguración oficial.

Margolles (Culiacán, 1963) escogió la casa entre las más de 150 mil viviendas que han sido abandonadas en Ciudad Juárez por motivos vinculados con la violencia. El inmueble seleccionado forma parte de una zona conflictiva en una urbanización de interés social que se desarrolló en pleno desierto en torno a la industria de la maquila.

“Al seleccionarla yo me preguntaba por qué una persona deja su casa y simplemente abandona todo. Entonces empecé a entrevistar gente, a grabar testimonios y obviamente era porque le habían matado a un hijo, a un amigo, porque lo podían matar o lo estaban extorcionado. Entonces, las casas se vuelven cascarones vacíos que de inmediato son vandalizados y con el tiempo se derrumban y no son más que un montón de escombros”, dice.

Es así que Margolles recurrió a la casa como una metáfora del cuerpo humano. Bajo esta dinámica fue decostruyendo sus partes durante 11 días de trabajo, como si fuera la disexión de las diferentes extremidades de un cadáver. Primero quitó las ventanas, luego cuadriculó el techo para desmontarlo, lo mismo con las paredes y el piso, hasta tener todas sus partes para seguirlas trabajando, convertirlas en tierra y polvo, y trasladar los restos vía terrestre a la Ciudad de México.

“En el museo metimos los fragmentos de la casa a un contenedor, le pusimos agua y adquirió cierta consistencia, pero con el paso de los días y la intervención diaria se va a ir consumiendo y perdiendo, como se han perdido todas aquellas promesas que a diario vemos en los miles de letreros propagandísticos que te ofrecen un bienestar que no llega”.

La promesa, explica, recuerda lo corto que es la memoria colectiva y lo fácil que se ha acostumbrado la gente a ver montones de escombros en lo que antes eran casas. “Te vas quedando con esa imagen, se te va olvidando cómo era la fisonomía de la casa, te quedas sólo con la ruina”.

Margolles recuerda que la primera vez que llegó a Ciudad Juárez, en 2005, ya era una urbe decadente, pero conservaba cierto tejido social que la mantenía viva. “La violencia fue avanzando a tal grado –en 2010 había hasta 32 muertos tirados en las calles cada fin de semana– que ese tejido se fue desmembrando y te vas acostumbrando a vivir en una ciudad derrotada”.

Al ver la obra ya instalada en el MUAC, Margolles se pregunta si es posible reconocer que esa línea de tierra y escombros fue algún día una casa, un espacio que fue habitado por una familia, a la cual le hicieron la promesa de felicidad, pero que al final se convirtió en símbolo del fracaso de un país.

Para la artista resultó importante iniciar el 30 de junio con el proceso de la obra, que oficialmente se inaugurará el 6 de octubre, ya que resulta significativo que al mismo tiempo que un grupo de jóvenes vinculados con Ciudad Juárez intervendrán diariamente la obra, afuera se decide el futuro de esos mismos jóvenes con las elecciones presidenciales.

“Nosotros empezamos la obra, pero no sabemos cómo va a acabar, porque tampoco sabemos qué va a pasar en seis meses en el país. Mientras que aquí se están desplazando restos de una promesa incumplida, afuera está decidiéndose el futuro de estos chicos”, concluyó.

Inaugurarán tras elección


Posponer la inauguración oficial de La promesa, obra de Teresa Margolles, para la primera semana de octubre, aunque el proyecto inició el sábado pasado, obedece a la intención de generar un mayor sentido en cuanto al concepto de las promesas no cumplidas de funcionarios y gobernantes, consideró María Inés Rodríguez.

La curadora del MUAC explicó que para octubre ya se conocerá al nuevo presidente y otros gobernantes de México y con ello los compromisos anunciados que deberán atender. Ello, aseguró, establecerá un contexto apropiado para la reflexión que propone Margolles al referir al sistema de promesas desatendidas que acaban con las expectativas de la sociedad, sobre todo en Ciudad Juárez, una urbe fronteriza.

Si bien el proceso de construcción de la obra es público y el espectador podrá atestiguar el avance de la misma dentro de la Sala 9 del museo, la apertura formal también se retrasó para empatarla con los festejos del 50 aniversario de la Fundación Ford para México y Centroamérica, que financió la investigación de Margolles en Ciudad Juárez.

Rodríguez insistió en que más allá de una pertinencia electoral, la obra de la artista mexicana proyectará una mayor reflexión y crítica en los próximos meses en que las elecciones hayan terminado y el país entre en el proceso de compromisos “fallidos”.

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