El ideal infinitamente variable de lo popular

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ




Hay un dilema implícito en la obra de Jeremy Deller (Londres, 1966), su trabajo ha logrado una circulación tan global, gracias a su impecable registro documental, videográfico y en publicaciones, que cuando se tiene la oportunidad de ver las piezas en directo uno no puede dejar de sentir una sensación extraña.

“El ideal infinitamente variable de lo popular”, muestra retrospectiva (los curadores la llaman panorámica) de Deller en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), es por mucho una de los mejores espacios para conocer en vivo el trabajo del artista británico, pero al mismo tiempo es una ventana para ver de forma crítica la relación que tiene el museo con piezas que fueron generadas en su mayoría para contextos específicos y que se desplazan al cubo blanco.

Desde la década de los noventa Deller ha generado un heterogéneo cuerpo de obra que, como explica Dawn Ades en el catálogo de la muestra, ha permitido al artista explorar y vincularse con disciplinas tan diversas como la sociología, la antropología, la criminología, la fotografía de la vida silvestre y la historia, por mencionar algunas, para problematizar temas que refieren directamente a la realidad de Gran Bretaña, pero al mismo tiempo a la historia de la humanidad, ya que forma directa o indirecta muestra cómo en las últimas décadas la fábrica y la minería cedieron su centralidad al mundo del espectáculo, en un traumático tránsito que Deller nos muestra.

Mientras recorría el recreado baño del cuarto de Deller en el MUAC y leía las páginas de “Pensées (libro en cinco capítulos)” recordaba la fotografía capturada hace más de dos décadas por el propio artista

En la instalación “Cuarto abierto” (1993-2012) es por demás eficaz la recreación que el MUAC hace de la juvenil habitación del artista, donde reúne las obras que montó originalmente en la casa de sus padres, mientras estos estaban de viaje. La virtud del espacio radica en que, como seguramente ocurre en una casa, las piezas no están expuestas de golpe ni a simple vista, sino que el visitante necesariamente tiene que buscar, acercarse, abrir cajones o puertas, para tener acceso a los carteles, textos y demás objetos que Deller creó o intervino para su primera exposición.
Pero es en este punto donde el peso de la imagen histórica diluye las proyecciones museográficas. Mientras recorría el recreado baño del cuarto de Deller en el MUAC y leía las páginas de “Pensées (libro en cinco capítulos)” recordaba la fotografía capturada hace más de dos décadas por el propio artista, donde claramente lo que veía no correspondía con las dimensiones originales del lugar, el color de las paredes, la temperatura de la luz, el modelo del inodoro o la mugre del tapete. Y sé perfectamente que lo que presenta el museo es una recreación, no hay engaño, pero la experiencia sensible con la obra fue distante. Tan fría y lejana que necesariamente me hizo buscar la fotografía original para recordar ese momento de exposición e intimidad que propuso el artista en aquel 1993.
Si bien la recreación que propone el museo podría verse como un elemento secundario, en el caso de Deller adquiere una mayor centralidad, ya que el artista inglés es reconocido mundialmente por haber creado uno de los proyectos de recreación más significativos de la última década: “La batalla de Orgreave (Si hieren a uno hieren a todos)” (2001).

Dicha obra también se exhibe en el MUAC y ocupa literalmente el centro de la muestra. Y cuando digo el centro no sólo me refiero a que la sala donde se proyecta el video de una hora es el punto que conecta los dos brazos de la muestra, sino porque su realización sintetiza de forma elocuente el tipo de operaciones que definen el trabajo del artista británico.
“La batalla de Orgreave” recrea el enfrentamiento violento entre la policía y trabajadores mineros durante una huelga en 1984, la cual marcó en el Reino Unido el fin de la lucha obrera contra de las reforma del capitalismo neoliberal. Como lo cuenta el co-curador de la muestra, Cuauhtémoc Medina, también en el catálogo: “Es el punto traumático en que, como refiere uno de los participantes de la huelga y de la recreación, los mineros descubrieron dolorosamente que la consigna ‘Los mineros unidos jamás serán vencidos’ había probado ser históricamente falsa”.
Pero el punto clave de la recreación propuesta por Deller radicó en que incluyó alrededor de 200 mineros que habían participado en los disturbios originales y que se convirtieron de facto en los personajes derrotados, los obreros que estuvieron expuestos a una satanización mediática promovida por Margaret Thatcher, quien no sólo los llamaba hooligans o revolucionarios, sino que estratégicamente bautizó como el “enemigo interior”.

Para felicidad del artista, la escenificación del conflicto no salió de control, pero sí modificó el registro histórico en Gran Bretaña y volvió a politizar el hecho, ya que sus ecos se proyectaron más allá del ámbito artístico. 

La presencia de los actores originales (incluidos también policías), la cercanía temporal (apenas cinco lustros) y la participación de personajes locales que seguían padeciendo las políticas neoliberales hicieron que la recreación propuesta por Deller pudiera volverse un detonador de nuevos sucesos violentos. Para felicidad del artista, la escenificación del conflicto no salió de control, pero sí modificó el registro histórico en Gran Bretaña y volvió a politizar el hecho, ya que sus ecos se proyectaron más allá del ámbito artístico. Vale la pena sentarse y ver completo el video y escuchar los testimonios de los mineros que tan minuciosamente capturó el artista en colaboración con Mike Figgis.
Si bien Deller representa en “La batalla de Orgreave” a los mineros a través del hecho colectivo y público que hubo detrás de su huelga, también lo hace a partir de la singularidad de personajes excéntricos que forman parte de la industria del espectáculo, para sumarlos a su cuerpo de obra como la cara opuesta de la llamada clase trabajadora.
“Tantas maneras de hacerte daño (Vida y obra de Adrian Street)” (2010) parte de la historia de un fisicoculturista, modelo y luchador de origen británico (su padre es minero) que radica en Estados Unidos inmerso en la sobreproducción de su imagen, a través de estrambóticos trajes que servían de oropel para la fama que ha obtenido, gracias a que participó y ganó varios campeonatos de lucha libre transmisión por televisión.
El regreso de Adrian Street a la mina de Brynmawr Colliery para exhibir a su padre y conocidos los cinturones que había obtenido como luchador, se vuelve una alegoría del paso de la sociedad británica a una época post-industrial. El ollín de la mina cede su lugar a la lentejuela de los exagerados trajes del hijo pródigo que vuelve a casa convertido en una estrella televisiva.

La película que hizo Deller de Adrian Street se exhibe en un monitor ubicado al centro de un mural hecho por el grafitero mexicano Yuka, quien reinterpretó, a partir del imaginario local, la historia del excéntrico luchador.

Debo decir que nunca he podido disfrutar un grafiti dentro de una sala de museo, demasiado control para algo que se produce de forma clandestina, y menos cuando el resultado está por debajo de la historia que busca representar. La operación de Deller con Adrian Street es tan certera y arquetípica, que darle un toque mexicano, volviendo al luchador un superhéroe prehispánico, me resulta excesivo. Yo hubiera dejado de lado el rosa mexicano y me hubiera concentrado en el britpop.
Pero más allá de mi experiencia con el mural, creo que se debe agradecer que la obra de Deller no sólo pone en juego las temáticas que aborda, sino que estira y problematiza las posibilidades y limitaciones que tiene el aparato de exhibición dentro del museo.


“El ideal infinitamente variable de lo popular”, de Jeremy Deller, curada por Cuauhtémoc Medina, Ferran Barenblit y Amanda de la Garza, se exhibe en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario), del 22 de agosto de 2015 al 7 de febrero de 2016.


Comments