Anish Kapoor. Arqueología : Biología

POR EDGAR ALEJANDRO HERNÁNDEZ


La exposición Anish Kapoor. Arqueología : Biología, en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), sólo puedo verla como una derrota. No encuentro todas las bondades que una y otra vez se han repetido sobre esta muestra diseñada para atraer masivamente al público, sobre todo si se recuerda que es un recinto que desde su fundación encarnó la promesa de una “radicalidad crítica en cuanto a la gestión cultural”, que honrara su origen universitario.

En la actualidad la obra de Kapoor no resulta crítica y mucho menos radical, si se toma como parámetro el propio programa curatorial del MUAC, ya que la producción de este artista indo-británico sistemáticamente se ha ido domesticando al ritmo y las necesidades que definen las cálidas y deslumbrantes aguas del mercado del arte. Lo que hace tres o cuatro décadas eran hallazgos en términos escultóricos, hoy son pálidas reproducciones (fundamentalmente de su serie de espejos) listas para venderse en las ferias de arte.

Kapoor es uno de los escultores más importantes de los últimos 40 años. Decisivamente ha propuesto una serie de modalidades de escultura que no se pueden dejar de lado en un recuento de lo que es el arte contemporáneo”, justifica el curador en jefe del MUACCuauhtémoc Medina, en una entrevista publicada por la revista Código (http://goo.gl/CBQcwr).

El juicio de Medina es justo si se toma en términos históricos, pero también es un lugar común que sistemáticamente se ha utilizado para validar la revisión de la mayoría de los artistas modernos y contemporáneos que circulan en museos en el mundo. El Museo Jumex, por ejemplo, utilizó un argumento idéntico para presentar el año pasado la obra del estadounidense Alexander Calder. En 2009 el MoMA de Nueva York dijo lo mismo sobre la producción del artista mexicano Gabriel Orozco. ¿Cuántos innovadores de la escultura existieron en el siglo XX? Tantos como sean necesarios para llenar los museos que hoy exhiben su obra con una mirada revisionista. 

Catherine Lampert, curadora de la muestra, recuerda en su texto del catálogo que Kappor obtuvo su reputación desde finales de la década de los 70 por la utilización que hizo de diversos pigmentos, los cuales abren el recorrido de la exposición.

Pero si bien estas obras se reúnen en la primera sala, no son piezas que tengan una presencia protagónica en términos museográficos, más bien son el telón de fondo para sus esculturas a partir de espejos, que el artista ha reproducido hasta la náusea en todo tipo de formatos y colores, porque, cito a Kapoor, al mercado “le gustan los espejos” (http://goo.gl/3wxhqT).

Pero los espejos y, en general, el personaje Anish Kapoor también seducen eficientemente a las masas. Con gran éxito el MUAC ha recibido en dos meses a más de 150 mil personas que hacen filas y espera pacientemente para entrar a las salas del recinto y tomarse la foto frente a estas obras que deforman la imagen del espectador.

Yo lo hice, fue divertido, pero este gesto de pararse frente a una obra para tomar la selfie, que además es promovido por el propio museo (el MUAC recomienda a manera de eslogan: “Comenta, graba, fotografía, comparte”), no es algo que pueda tomarse a la ligera, porque de facto es el mismo fenómeno que atrajo el año pasado a 330 mil personas a la exposición Yayoi Kusama. Obsesión infinita.

Como toda muestra blockbuster, las exposiciones de Kapoor y Kusama se promueven bajo la lógica de que generarán nuevos públicos para sus respectivos museos, además de que tienen la ventaja de ser políticamente rentables para el recinto y financieramente atractivas en cuanto a taquilla y recaudación de patrocinios.

Pero todos estos supuestos son verdades que se repiten sin tener necesariamente elementos que lo comprueben. El caso más claro lo da el propio Museo Tamayo, que después de realizar la exposición más exitosa de su historia, hoy en día no tiene más visitantes que antes de la muestra de Kusama. ¿Dónde están esas hordas de personas que acampaban a las afueras del recinto para entrar a ver la obra de la japonesa? Es difícil saberlo, pero lo que sí queda claro es que no volvieron a pararse por el Museo Tamayo.

En otra entrevista publicada por la revista NexosMedina afirma que en el MUAC “hay una trayectoria de exhibiciones de artistas muy connotados y con una gran capacidad de atracción de públicos, particularmente Cildo Meireles y Carlos Cruz-Diez” (http://goo.gl/Uc6ccf).

Esta declaración me resulta increíble, pues resulta un descomunal despropósito querer comparar concretamente la exposición de Kapoor con la de Meireles, ya que si bien ambos artistas forman parte del canon del arte contemporáneo, sus trayectorias hoy no tienen ningún paralelismo en términos del campo artístico o del mercado del arte.

Recuerdo claramente todos los niveles de percepción que generaba la muestra de Meireles, desde el shock monocromático (Desvío al rojo) hasta el ansiedad y el asco que generaban sus ambiente (Volátil) o el desconcierto generado por el ruido (Babel), sin mencionar de la carga política de varias de sus piezas (Cruz del sur).  Lo radical y crítico de su obra sigue latente, en el caso de Kapoor estas cualidades yo no las encuentro.

Además, tampoco hay punto de comparación en la relación que el propio MUAC generó con Meireles en términos de producción y difusión de su obra, la cual fue diametralmente austera y acotada al campo artístico, lo cual no se puede decir de la estrambótica logística que hubo tras la visita de Kapoor a México.

Si el MUAC fuera una empresa, la exposición de Kapoor sería el éxito más contundente en su historia, pero el MUAC no es una empresa, es un museo público que, parece una obviedad decirlo, está vinculado a una institución educativa, la cual se conoce coloquialmente como la máxima casa de estudios.

El éxito taquillero o la visibilidad política que genera este tipo de muestras me parecen que no pueden tomarse como parámetros para valorar la gestión cultural del MUAC, que insisto, prometió operar bajo una radicalidad crítica.

Cuando recorría la exposición de Kapoor recordaba una conversación que tuve en 2010 con Guillermo Santamarina, entonces curador en jefe del MUAC. Con cierta angustia se preguntaba cómo podría hacer que la exposición Algún lugar/Ningún lugar, de Félix González-Torres, fuera atractiva para ese público que busca “interactuar” con las obras dentro de un museo. Su única respuesta era que no había forma de lograr tal interacción, porque su obra era muy frágil como para responder a dichas demandas.

Quien conoce la obra de González-Torres sabe que su poder no radica en su presencia material, sino en la capacidad que tiene para desmontar la pureza formal del discurso minimalista, con ideas más cálidas, íntimas y hasta sentimentales.

El éxito mediático de la exposición de Kapoor también me trajo a la memoria otro recuerdo antiguo, una frase que en varias ocasiones dijo el escritor e historiador del arte Olivier Debroise: “Cuando el arte contemporáneo es noticia, es una mala noticia para el arte contemporáneo”. Confieso que cuando lo escuché por primera vez me pareció una exageración, pero hoy, a la luz de la brillante obra de Kapoor, finalmente entiendo el peso de sus palabras. Si bien el MUAC ha ganado numerosas batallas para perfilar lo que hoy conocemos como arte contemporáneo, pensado y producido desde Latinoamérica, la exposición Anish Kapoor. Arqueología : Biología es su primer derrota.

 

Anish Kapoor. Arqueología : Biología se exhibe del 28 de mayo al 27 de noviembre de 2016 en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario).



Anish Kapoor. Archaeology: Biology



The only way I can view the exhibit Anish Kapoor. Archaeology: Biology at the Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), is as a defeat. I fail to understand the benefits that have been repeated over and over again about the show, designed to attract mass audiences to the museum, especially if one remembers that the institution, in its foundation, embodied the promise of a “critical radicalness in terms of cultural management” that would honor the university responsible for its origin.

Today Kapoor's work is neither critical nor radical if one uses the curatorial program of the MUAC as their parameter, since the production of this British Indian artist has been systematically domesticated by the rhythm and needs of the warm and dazzling waters of the art market. What three or four decades ago were considered advances in sculptural terms today are pale reproductions (mainly in the artist’s mirror series) ready to be sold at art fairs.

"Kapoor is one of the most important sculptors of the past 40 years.  He has proposed a number of decisive sculptural forms that cannot be ignored in an account of what contemporary art is", head curator of MUACCuauhtémoc Medina justifies in an interview published in Código magazine (http: //goo.gl/CBQcwr).

Medina's judgment is fair if one looks at Kapoor’s work in historical terms, but the argument is commonplace and routinely used by curators to validate retrospectives of the same group of modern and contemporary artists that circulate the museums of the world. For example, the Jumex Museum used an identical argument last year to justify their show on the American artist Alexander Calder. In 2009 the MoMA in New York said the same thing about their production of a show on the mexican artist Gabriel Orozco. How many innovative sculptors have their been in the twentieth century? As many as necessary to fill the museums that exhibit their work today using a revisionist curatorial platform.

Catherine Lampert, curator of the show, recalls in her catalog text that Kapoorearned his reputation in the early 1970s thanks to his diverse use of pigments, which are featured in the works that open the show.

However, while these works are brought together in the first room of the exhibit, they are not given a central presence in the show’s museography. Instead they are a backdrop for Kapoor’s work with mirrors, which the artist has reproduced ad nauseam in every imaginable format and color, because, according to Kapoor, the market “likes mirrors” (http://goo.gl/3wxhqT).

The mirrors and, in general, the character of Anish Kapoor have efficiently seduced the masses. In the two months since the show’s opening, MUAC has received more than 150,000 people who stand in line and wait patiently to enter the museum’s galleries and take their photo in front of the works that distort the spectator’s reflection.

I did it, it was fun, but the motion of standing in front of a work of art to take a selfie, something that the museum has promoted (MUAC in a slogan recommends that viewers: “Comment, record, photograph, share”), is not something to be taken lightly, as it is an intentional repetition of the same phenomenon that last year attracted 330,000 people to the exhibit Yayoi Kusama: Endless Obsession at the Tamayo Museum.

Like all blockbuster exhibits, shows such that of Kapoor and Kusama are promoted using the argument that they will create new audiences for their respective museums, with the added advantage that they are both politically profitable for the museum and financially attractive in terms of its box office and sponsorship opportunities.

However, all these assertions are repeated without necessarily having the elements to prove them. The most compelling case of this comes from theTamayo Museum itself, which after producing the most successful exhibit in the museum’s history, that of Kusama, today reports no more visitors than before. Where are the hordes of people that camped outside the enclosure to see the work of the japanese artist? It is difficult to know for sure, but what is clear is that they did not step foot in the Tamayo Museum again.

In another interview published by Nexos magazine, Medina affirms that at the MUAC "there is a trajectory of exhibits of renowned artists with a great capacity to attract audiences, particularly Cildo Meireles and Carlos Cruz-Diez" (http: // goo .gl / Uc6ccf).

I find this statement incredible, as to me it seems completely inaccurate to compare Kapoor to Meireles in any concrete way, because although both artists are part of the contemporary art canon, their paths today share no parallels in terms of how each artist fits into his field or into the art market.

I remember clearly all levels of perception that were generated by Meireles’ show, from the monochrome shock (Desvio para o vermelho) to the anxiety and disgust generated by certain environments (Volatile) or the confusion generated through noise (Babel), not to mention the political weight of several of his pieces (Cruzeiro do Sul). The radical and critical nature of his work remains an underlying theme. In the case of Kapoor these qualities are lost on me.

In addition, there is no way to compare the relationship between the way in which the MUAC publicized the production and exhibition of Meireles’ work, which was diametrically austere and bounded to an arts commnity, to the bizarre logistical decisions made after Kapoor’s visit to Mexico.

If the MUAC were a company the Kapoor exhibit would be its most resounding success, but the MUAC is not a company, it is a public museum that, and this seems almost too obvious to say, is linked to an educational institution, an internationally renowned place of learning.

One cannot use the box office numbers or the political visibility generated by these types of shows as parameters for assessing the cultural management ofMUAC, which I repeat, pledged to operate using critical radicalness.

When touring the Kapoor exhibit, I remembered a conversation in 2010 withGuillermo Santamarina, then curator in chief of MUAC. With a certain anxiety he asked himself how he could make the exhibit Somewhere / Nowhere by Félix González-Torres, attractive for a public that sought to “interact” with the works inside the museum. His only response was that there was no way to achieve this interaction, because González-Torres’ work was too fragile to respond to such demands.

Those familiar with the work of Gonzalez-Torres know that its power does not lie in its material presence, but rather in its capacity to dismantle the formal purity of minimalist discourse, with warmer, intimate, and even sentimental ideas.

The media success of the exhibition of Kapoor has also brought to mind another memory, a phrase spoken on several occasions by writer and art historian Olivier Debroise: "When contemporary art is news it is bad news for contemporary art." I confess that when I first heard it I thought it was an exaggeration, but today, in light of Kapoor’s brilliant work, I finally understand the weight of his words. While the MUAC has won many battles to outline what we know today as contemporary art designed and produced from Latin America, the exhibit Anish Kapoor. Archaeology: Biology is its first defeat.

Anish Kapoor. Archaeology : Biology is open from May 28 to November 27, 2016 at the Museo Universitario Arte Contemporáneo (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario). 

Translated by Nika Chilewich.

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